“Me preocupa no hacerle caso a la Tierra”: Carlos Valdés, sismólogo

CIENCIAS DE LA TIERRA / SISMOLOGÍA.-

19S ¿Por qué a veces la sismología y los ciudadanos tienen diferente percepción de los temblores? Es cuestión de memoria sísmica.

La memoria sísmica es una herramienta para la vida. Es la conclusión a la que llego después de escuchar al doctor Carlos Valdés González, sismólogo mexicano de larga trayectoria y destacada labor en la gestión de riesgos de desastres. Nos encontramos en su cubículo en el Instituto de Geofísica de la UNAM, unos días antes del 19 de septiembre, la fecha de una trágica coincidencia: los terremotos de 1985 y 2017 en México. En 2026, la conmemoración transcurre en un ambiente de mayor inquietud por lo sucedido en Venezuela y Colombia ¿Estamos en una “ola sísmica”? ¿Es la “reactivación del Cinturón de Fuego del Pacífico”?   

Yo me preocuparía de otra manera. No es que algo esté pasando, sino que son recordatorios. El año pasado (2025) se reportaron cerca de 39 mil sismos en la República mexicana. Si hacemos una división: 39 000 entre 365, nos da como 110 sismos por día. Por supuesto, la mayoría no son sentidos, pero eso nos indica el nivel de actividad que hay a nivel nacional. No hay un estado en el que no haya temblado, en todos, incluyendo la península de Yucatán.

En 2026 sí se han concentrado sismos destructivos en Latinoamérica, como Venezuela, como Colombia y después otro más en Perú, pero es una coincidencia. El común denominador en ese aspecto es que son zonas sísmicas.

Venezuela había tenido sismos en estas zonas en donde se produjeron estos dos eventos sísmicos y en Colombia, en la costa del Pacífico, hay un registro de un sismo de magnitud 8.8 que generó un tsunami y ese tipo de eventos podrían afectar inclusive a México, porque tenemos algunas partes del país que tienen la costa directamente frontal hacia Colombia. Entonces son recordatorios de que en esos países hay sismicidad.

El Cinturón de Fuego parece ser la zona más activa del planeta, pero por el tamaño, pues rodea a todo el Océano Pacífico que es inmenso. También es una región volcánica, por eso nos llama la atención cuando de repente observamos que pareciera que está reactivándose. 

Sin embargo, es importante utilizar las estadísticas. Si revisamos en qué mes de los últimos 126 años han ocurrido más sismos mayores de magnitud 7 en el mundo — que es el tiempo en que tenemos registros más exactos porque había instrumentación—resulta que es mayo de 1968 cuando se registraron cerca de siete sismos mayores de magnitud 7.

En realidad, no es algo extraño. Me preocuparía no hacerle caso a la Tierra, porque son recordatorios de que vivimos en un planeta activo y de que nosotros estamos en un país sísmicamente activo.-

El doctor Valdés es jefe del Departamento del Sismología; su lugar de trabajo se encuentra a unos pasos del Servicio Sismológico Nacional, a cargo de la UNAM y en donde se procesan los datos de más de cien estaciones. Esta red mexicana comparte registros con el Servicio Geológico de Estados Unidos, que a su vez informa a los países de los movimientos de magnitud superior a 5. Pero ¿quizá lo que más espera la sociedad de los sismólogos es que puedan predecirlos? 

Aún no podemos predecir sismos, nadie en el mundo, ni Japón, ni Estados Unidos, ni otros países europeos con capacidad de conocimiento, tecnología y recursos; no es viable porque necesitamos colocar instrumentos a profundidad de bajo de la tierra y es un reto tecnológico.

Requerimos llegar a la zona donde se gestan los sismos y tratar de medir la deformación. Para eso necesitaríamos tener pozos a 40 km de profundidad y colocar sensores con los que sí podríamos establecer tasas de deformación y decir: aquí falta tanto tiempo para que esto llegue a un punto crítico. El pozo más profundo que se ha hecho en todo el planeta lo hicieron los rusos, tenía solo una profundidad de 12 km.

Entonces estamos interpretando desde fuera. Los sismólogos detectamos los temblores, mantenemos los instrumentos, analizamos para ver patrones de comportamiento, identificamos zonas en donde ocurren sismos que la gente no percibe.

Con esta información, entra la parte que involucra a otras disciplinas, a la ingeniería, porque si detectamos una zona sísmica significa que hay una acumulación de esfuerzos y surge la pregunta ¿qué tan grande podría ser un sismo ahí? Para responder, recurrimos a las mediciones. Por ejemplo, los micro sismos en Mixcoac-Plateros en la CDMX ¿y por qué ahí?

Porque es una zona altamente poblada. Vimos que el mayor de estos sismos ha sido de magnitud 3.5. La pregunta para nosotros es si se podría generar uno de magnitud 5 y así enfocamos una cantidad de estudios para tratar de determinar esa posibilidad. Ese es el tipo de investigaciones que hacemos, lo complicado es que no sabemos cuándo finalmente va a ocurrir el sismo.

Vemos con mucho detenimiento lo que pasó en Venezuela, en Colombia, qué se conocía de esas zonas sísmicas y también la parte constructiva, qué tanto sus reglamentos eran vigentes y fueron aplicados. En México, después del sismo de 1985 se hicieron modificaciones a los reglamentos de construcción, se hizo más estricto.

Analizamos lo sucedido en Japón durante el sismo de 9.1 en 2011. Los japoneses ya habían evaluado la posibilidad de tener esos sismos, habían colocado barreras de contención en caso de tsunamis, pero consideraron olas de hasta 9 metros y ese tuvo en las partes bajas una altura de 14 metros.-

Pudimos saber que estos grandes sismos tienen un inicio muy complicado, el rompimiento comienza muy lento, provocan ondas que cuando son registradas por los sensores equivalen a un sismo de 6 o de 7, así lo marcan; pero después continúa la ruptura y se libera la energía equivalente a un sismo de magnitud 9 con capacidad muy grande de tsunami.

Para México ¿Cuáles identifica como focos rojos al revisar la historia sísmica del país?.

En julio de 2025, en Kamchatka, Rusia, hubo un sismo de 8.8 en un lugar en donde a principios del siglo XX se había registrado también un sismo grande. Y una de las hipótesis que manejamos es que cuando hay un sismo similar, como el de 1985 en nuestro país que fue de 8.1, deberían pasar unos 150 años para que otra vez se haya acumulado suficiente energía para volver a producir una ruptura; sin embargo, en Kamchatka pasaron solo 40 años. Para nosotros son focos rojos de atención en las teorías que se han establecido.

En 1920 se generó un sismo de 6.4 cerca de Jalapa, es considerado el segundo con mayor número de víctimas en nuestro país después del terremoto de 1985. Lo destacado es que no fue muy grande, pero generó el deslizamiento de ladera en un río y ocurrió algo muy parecido a lo que vimos recientemente en Nepal. Al romperse el represamiento del río, las personas murieron ahogadas, arrastradas por el flujo. Este tipo de eventos se podrían producir aquí en la zona de Chiapas, de Tabasco, donde hay sistemas de presas.

En la Brecha Sísmica de Guerrero sabemos que desde 1911 no ha ocurrido un sismo importante, aquí la característica es que superan los 7.6 de magnitud. Como ya ha pasado tanto tiempo, la preocupación es que se rompa y genere un sismo de magnitud mayor y es la distancia más corta a la Ciudad de México desde la costa pacífica; el sistema de alerta sísmica surgió precisamente por la información sobre esa brecha.

Un caso reciente es el temblor de 6.2 en el norte de Cuba, en junio de 2026. Fue muy cerca de la península de Yucatán. Nos llamó la atención por el lugar, por la zona y cuando vemos las estadísticas y la información resulta que es el segundo sismo más importante que ha sido registrado en el Golfo de México.

Uno piensa: el Golfo es más tranquilo que el Pacífico, sí, pero hay zonas de sedimentos a lo largo de las grandes planicies. Si tengo un sismo con esas características puede hacer que se deslicen los sedimentos y provocar un tsunami ¿A quiénes afectaría? A Campeche, a Villahermosa, Tabasco, donde hay plataformas petroleras. Vemos los registros y encontramos deslizamientos documentados, modelos que estiman que si se formara un tsunami, las olas podrían alcanzar hasta 12 metros de altura.

¿Y qué estamos haciendo al respecto? Ahí es en donde el conocimiento debe de ser convertido en acciones preventivas y en sistemas de alertamiento. El conocimiento tiene que ser empujado a la sociedad y las autoridades son quienes toman esa responsabilidad.-

Mientras conversamos, el investigador Valdés hace una pausa. Escuchamos un peculiar sonido del exterior. Temo que sea la señal de un temblor en curso. Él mira su reloj y respira tranquilo:

Es el tono de verificación de que la alerta sísmica está conectada; suena al cuarto para las 12, al cuarto para las 6 y así a lo largo del día. La alerta sísmica es de lo que hemos hecho bien en México. Somos uno de los pocos países en el mundo, no creo que haya más de 10, que tienen un sistema de alerta sísmica; no lo tiene Colombia, no lo tiene Perú, tampoco Venezuela…lo que tenemos que hacer es saber cómo funciona, cuál es la forma en que se habilita y por qué para el próximo simulacro hay una hipótesis.

El Simulacro Nacional del próximo 19 de septiembre a las 12:00 horas, contempla cinco escenarios hipotéticos, uno por región. Para la zona Centro de México ¿qué características se establecieron?

Se le llama la hipótesis del simulacro; es un sismo en Tehuacán, Puebla, de magnitud 7.7, a una profundidad de 67 km; se sentiría fuerte hasta una parte de Oaxaca y en la ciudad de México. Cuando es de profundidad el movimiento es intenso, con mucha fuerza; en cambio, cuando proviene de la costa del Pacífico puede tener mayor magnitud, pero el movimiento tiende a durar más tiempo, entonces tienen efectos diferentes en las estructuras.

Esa es una de las razones por las cuales nos dicen que cuando empiece la alerta sísmica o el temblor busquemos un sitio seguro, porque cuando el movimiento es tan fuerte —como el de la hipótesis que se plantea— no podemos caminar, uno pierde el control, me puedo tropezar; es mejor esperar en un sitio seguro y luego llegar a un punto de seguridad.

Por cierto, también somos un país que tenemos esa señalización, no he visto en otros… las flechas verdes que nos indican para dónde ir, los cuadros verdes en el piso de zonas seguras. Aquí lo vemos en edificios públicos principalmente y en nuestras casas ¿ya ubicamos cuál es el sitio seguro? Es en donde hay mayor número de columnas, en donde haya muros de carga, no de tabla roca, un ingeniero civil o un arquitecto nos puede ayudar a identificarlo.

Carlos Valdés González se formó en la Facultad de Ingeniería de la UNAM, estudió un doctorado en Geofísica en la Universidad de Wisconsin-Madison, es miembro del Comité Asesor de Fenómenos Geológicos del Sistema Nacional de Protección Civil, fue comisionado como director del Centro Nacional de Prevención de Desastres (de 2014 a 2018), ha participado en decenas de publicaciones nacionales e internacionales, se dedica a la docencia y la divulgación ¿qué le interesa más en este momento?   

Me gustaría que se avanzara más en la transformación de este conocimiento —que se vuelve muy técnico, muy especializado— en algo que la población pudiera entender.

Mucha gente ha dicho que tiene mucho miedo, le preocupa lo que ha pasado, por supuesto todo eso es razonable, pero mientras más conocimiento tengamos del fenómeno sísmico, aceptaremos que es natural y que mientras mejor preparados estemos, tendremos menor temor. 

Creo que México podría poner un gran ejemplo en lo que se ha hecho, en lo que hemos aprendido. Hemos tenido sismos muy fuertes, muy devastadores, pero no queremos que eso se repita.

Por: Claudia Juárez Álvarez. 

Sitio Fuente: Ciencia UNAM