Descubren que los ‘bulldogs’ franceses podrían respirar mejor sin dejar de serlo: un estudio con más de 4.000 perros revela cómo

CIENCIAS DE LA VIDA / ZOOLOGÍA Y TECNOLOGÍA.-

Un nuevo análisis genético plantea una posibilidad esperanzadora para el bulldog francés, una de las razas de perro más populares: es posible mejorar su función respiratoria sin renunciar necesariamente a los rasgos que lo hacen reconocible.

Recreación artística de las vías respiratorias de un 'bulldog' francés. ChatGPT, César Noragueda.

Un bulldog francés puede llamar la atención por sus orejas grandes y su cara achatada. También puede jadear después de un esfuerzo breve, roncar al dormir o hacer ruido al inspirar. Pero que algo sea habitual no significa que resulte inocuo.

Detrás de esos sonidos, puede esconderse una pregunta espinosa. Los humanos hemos seleccionado durante décadas una anatomía muy concreta, ¿y qué ocurre cuando parte de esa apariencia dificulta una función tan básica como dejar entrar aire en los pulmones?

La cuestión parecía conducir a un dilema: para conseguir perros que respiren mejor, quizá habría que alejarlos tanto de su conformación actual que dejarían de parecer bulldogs franceses. Sin embargo, antes de responder, conviene entender qué sucede en sus vías aéreas y por qué dos ejemplares casi idénticos pueden desenvolverse de forma muy distinta.

Por qué una cara achatada puede convertir respirar en un esfuerzo.

Respirar debería exigir muy poca atención. El aire entra por la nariz, atraviesa las vías superiores, llega a los pulmones y sale de nuevo. Imagine una pajita ancha y despejada: mientras nada obstruya el paso, hacerlo circular requiere poco trabajo. Si estrechamos varios puntos, todo cambia.

"El síndrome obstructivo de las vías respiratorias de los braquicéfalos, cuyo cráneo relativamente corto y ancho puede asociarse con orificios nasales estrechos y otras alteraciones internas que reducen el espacio disponible para la entrada de aire".

Eso ayuda a entender el síndrome obstructivo de las vías respiratorias de los braquicéfalos, conocido por sus siglas inglesas BOAS. “Braquicéfalo” describe a los perros con cráneo relativamente corto y ancho. En razas como el bulldog francés, el inglés, el carlino o pug, el bóxer, el boston terrier o el pequinés, esa morfología puede asociarse con orificios nasales estrechos y otras alteraciones internas que reducen el espacio disponible para la entrada de aire.

Algunos ejemplares realizan un esfuerzo mayor al inspirar, toleran peor el ejercicio o el calor, regurgitan, duermen con dificultad y, en situaciones graves, pueden sufrir falta de oxígeno o colapsar. La obesidad añade otra carga y se relaciona con mayor riesgo y severidad del trastorno.

Dos ‘bulldogs’ franceses pueden parecerse mucho y respirar de manera muy distinta.

Aquí surge una observación decisiva. Si la anatomía característica de la raza condenara inevitablemente a todos sus miembros al mismo grado de dificultad, cabría esperar que casi cualquier individuo presentara un problema parecido. No sucede así.

Hay bulldogs franceses que obtienen evaluaciones respiratorias favorables y otros que muestran alteraciones mucho más acusadas. Esa diversidad se da incluso entre animales reconocibles como miembros de la misma raza. Por eso, la pregunta científica deja de ser únicamente por qué les cuesta respirar y pasa a otra mucho más fértil: ¿parte de ese contraste puede transmitirse de padres a hijos?

Que un rasgo tenga relación con la forma de la cabeza no significa que todos compartan la misma combinación anatómica, genética y corporal. En una población, hay diversidad. Cuando parte de ella es heredable, la selección puede modificar con el tiempo la frecuencia de determinados atributos.

Más de 4.000 perros ponen a prueba una posibilidad.

El estudio, publicado en PLOS One, examinó el mayor conjunto de datos del programa británico de clasificación de la función respiratoria (Respiratory Function Grading Scheme) analizado hasta ahora. Incluyó más de 4.000 perros de tres razas braquicéfalas: bulldogs franceses, ingleses y carlinos, además de sus registros genealógicos.

La herramienta, implantada en 2019, no consiste en mirar la cara del animal y emitir una impresión subjetiva. Los participantes realizan una prueba estandarizada de ejercicio y su función respiratoria recibe una calificación. Así se puede comparar de manera sistemática cómo responden distintos individuos cuando aumenta la demanda de aire.

En el análisis genético, participaron 1.917 bulldogs franceses, 1.474 ingleses y 900 carlinos. Los pedigríes permitieron rastrear parentescos y comprobar si los sujetos emparentados tendían a coincidir también en sus resultados respiratorios.-

Si cierta característica se manifiesta de forma más semejante entre parientes, los genes pueden estar contribuyendo a ese patrón. Pero, para interpretar el resultado, necesitamos detenernos en una palabra que suele prestarse a confusión.

Recreación artística de las diferencias respiratorias entre bulldogs franceses. ChatGPT, César Noragueda.

Que algo sea heredable no significa que esté escrito en piedra.

La heredabilidad no indica qué porcentaje de la respiración de un perro “proviene de sus genes”. Tampoco permite decir que un individuo esté condenado a desarrollar un problema concreto. Es una medida estadística que describe cuánto de la diversidad observada entre miembros de una población, bajo determinadas condiciones, se relaciona con diferencias genéticas.

Pensemos en una baraja. Cada cachorro recibe una combinación de cartas heredadas, pero la partida también depende de factores posteriores: peso corporal, edad, ambiente, cuidados y otras circunstancias. La heredabilidad intenta estimar cuánto explican las cartas repartidas las disparidades que vemos entre jugadores, no cuánto determina cada carta el destino de uno de ellos.

En el trabajo, la heredabilidad de la calificación respiratoria osciló entre 0,21 y 0,49 según la raza. La medida va de 0 a 1: cuanto más se acerca a 1, mayor es el peso estadístico de las diferencias genéticas a la hora de explicar la variación observada en esa población. En el bulldog francés fue de 0,45. Para la estenosis de las fosas nasales —un estrechamiento de las aberturas por las que entra el aire— la heredabilidad osciló entre 0,31 y 0,39 en función de la raza.

Son valores suficientemente importantes para que la selección reproductiva tenga margen de actuación. Y ahí encontramos la respuesta que buscábamos.

La sorpresa: mejorar la respiración desde dentro de la propia raza.

Los autores concluyen que hay suficiente variación genética en estas poblaciones como para favorecer una salud respiratoria más sólida mediante decisiones de cría informadas.

En otras palabras, no sería necesario partir de la idea de que todos los bulldogs franceses comparten inevitablemente el mismo riesgo ni asumir que la única salida consiste en convertirlos en un perro completamente diferente.

"No sería necesario asumir que todos los bulldogs franceses comparten inevitablemente el mismo riesgo ni que la única salida consiste en convertirlos en un perro diferente".

La lógica es sencilla. Si entre los propios bulldogs franceses hay individuos con mejor desempeño respiratorio y una parte relevante de esas diferencias es heredable, favorecer reproductores con evaluaciones saludables puede hacer que los rasgos beneficiosos ganen presencia generación tras generación.

No se trata de transformar de golpe la raza, sino de escoger entre sus miembros qué características conviene propagar con mayor frecuencia.

Ahora bien, el hallazgo no demuestra que sea posible conservar exactamente cada detalle anatómico actual y eliminar por completo el síndrome de los braquicéfalos. Esa sería una conclusión excesiva. Lo que respalda es algo más concreto: la genética ofrece margen para avanzar hacia una respiración más saludable mediante selección dentro de la raza.

"Si entre los propios bulldogs franceses los hay con mejor desempeño respiratorio y una parte relevante de esas diferencias es heredable, favorecer reproductores con evaluaciones saludables puede hacer que los rasgos beneficiosos ganen presencia generación tras generación".

La selección artificial también puede recorrer el camino contrario.

Todas las razas caninas son, en parte, una historia de elecciones humanas. Durante generaciones, se han escogido animales por tamaño, capacidad de trabajo, pelaje, comportamiento o apariencia. Cuando ciertos ejemplares tienen más descendencia que otros, sus variantes genéticas ganan presencia en la población.

Ese mecanismo recibe el nombre de selección artificial porque quien decide qué animales se reproducen no es principalmente el entorno, sino nosotros. Y aquí asoma la ironía del estudio: una herramienta que contribuyó a exagerar determinados rasgos físicos también puede utilizarse para favorecer características compatibles con mayor bienestar.-

La evolución de una población avanza acumulando pequeñas diferencias durante muchas generaciones, pero no existe una garantía automática de que seleccionar un único rasgo resuelva todos los problemas asociados a una anatomía compleja.

Recreación artística de la herencia genética en varias generaciones de bulldogs franceses. ChatGPT, César Noragueda.

Una raza no es una fotografía congelada, sino que sigue cambiando. El aspecto que hoy damos por sentado es el resultado provisional de innumerables decisiones reproductivas, y las próximas pueden orientarse hacia criterios distintos.

Saber cómo hacerlo no significa que vaya a ocurrir.

La ciencia puede señalar una ruta y tropezar con un obstáculo práctico. Para seleccionar animales con una función respiratoria más favorable, primero hay que evaluarlos, y la participación en el programa británico continúa siendo limitada.

Los investigadores advierten de que el impacto real de cualquier estrategia dependerá de que más criadores y propietarios sometan a sus perros a las pruebas. Si solo se examina una fracción pequeña de la población, la información disponible para escoger reproductores saludables también queda restringida.

"El impacto real de cualquier estrategia dependerá de que más criadores y propietarios sometan a sus perros a las pruebas; si no, la información disponible para escoger reproductores saludables queda restringida".

No basta con que un perro parezca desenvolverse bien durante un paseo tranquilo. Un protocolo común permite comparar resultados y evita que impresiones personales sustituyan a datos objetivos; y aporta algo quizá más útil: evidencia de que hay margen biológico para progresar y un procedimiento concreto con el que intentar aprovecharlo.

Un ‘bulldog’ francés no tiene por qué respirar mal para ser reconocible.

Volvamos al perro que jadea, ronca o hace ruido al inspirar. Algunos de esos sonidos han podido interpretarse como peculiaridades simpáticas de los perros de cara chata. Sin embargo, convertir una señal habitual en parte del “carácter” de una raza puede hacernos olvidar lo que representa fisiológicamente.

El trabajo de Joanna Ilska y sus colegas obliga a separar identidad y enfermedad. Ser un bulldog francés no equivale a estar destinado a respirar mal. Entre los miembros de la propia raza, persiste una diversidad apreciable, y parte de ella puede heredarse.

Eso reformula la pregunta. Ya no se trata únicamente de si los humanos hemos llevado determinados rasgos demasiado lejos, sino de qué rumbo queremos elegir a partir de ahora. Quizá el futuro del bulldog francés no consista en conseguir que deje de parecerse a sí mismo, sino en lograr que parecerse a sí mismo no le cueste tanto respirar.

Por: César Noragueda.

Sitio Fuente: MuyInteresante