Hallan una gran acumulación de magma bajo Tenerife y obtienen la primera imagen 3D del interior de la isla
CIENCIAS DE LA TIERRA / GEOLOGIA.
Podemos contemplar el Teide desde su cumbre hasta las antiguas coladas, pero la mayor parte de su sistema volcánico permanece oculta.
Un nuevo estudio permite asomarse, sin perforar, a decenas de kilómetros bajo Tenerife.
Recreación artística del magma bajo Tenerife. ChatGPT, César Noragueda.
El Teide domina el paisaje, las Cañadas conservan huellas de episodios volcánicos pasados y los antiguos campos de lava recuerdan que la isla fue construida mediante sucesivas erupciones. Todo eso está a la vista. La pregunta verdaderamente intrigante comienza donde termina el paisaje: ¿qué encontraríamos si pudiéramos levantar la isla y mirar debajo?
La imagen popular de un volcán tampoco ayuda demasiado. Es fácil figurarse una montaña conectada a una enorme cavidad llena de roca líquida, como si bajo el cráter hubiese un depósito esperando a vaciarse. La realidad es bastante más compleja. El sistema que alimenta el volcanismo puede prolongarse mucho más allá de la montaña visible, atravesar formaciones distintas y contener regiones donde conviven minerales sólidos y fundidos.
Sin embargo, el interior terrestre deja pistas. Cada terremoto genera ondas que recorren el planeta y responden de manera diferente según aquello que atraviesan. Durante años, instrumentos instalados en Tenerife han registrado esas vibraciones procedentes de lugares remotos. Un equipo liderado por el Instituto Volcanológico de Canarias (Involcan) las ha utilizado para reconstruir por primera vez en tres dimensiones la corteza y el manto superior situados bajo la isla.
Pero, antes de conocer qué apareció, conviene entender cómo se puede ver algo que permanece completamente enterrado.
Cómo hacer un TAC a una isla.
Un médico no necesita abrir el cuerpo de un paciente para examinar determinados órganos. Una tomografía combina información obtenida desde distintos ángulos y reconstruye estructuras que permanecen ocultas. La geofísica aprovecha una idea comparable, aunque sustituye la radiación de un escáner por las vibraciones producidas durante los seísmos.
Cuando ocurre un terremoto, la energía se propaga mediante diferentes tipos de ondas. Entre las más importantes están las P, que comprimen y expanden el medio en la dirección en que avanzan, y las S, cuyo movimiento es transversal. No viajan siempre a idéntica velocidad: su recorrido depende de propiedades como la densidad, la composición, la temperatura o el estado físico de las rocas.
Esa variación convierte cada sacudida lejana en una especie de sonda natural. Si una señal llega antes o después de lo previsto, los investigadores pueden inferir qué características presenta la zona atravesada. Al reunir numerosas trayectorias desde direcciones diferentes, surge una representación tridimensional.
"Si una señal llega antes o después de lo previsto, se puede inferir qué características presenta la zona atravesada y, al reunir numerosas trayectorias desde direcciones diferentes, surge una representación tridimensional".
Una velocidad especialmente baja puede delatar rocas muy calientes y, bajo determinadas condiciones, la presencia de fusión parcial. No equivale, por tanto, a tomar una fotografía convencional de una bolsa de lava. Los científicos interpretan cómo se desplazan las vibraciones y, apoyándose además en cálculos petrológicos y termodinámicos, deducen qué circunstancias pueden explicar esos datos. Esa diferencia será fundamental para comprender el hallazgo.
785 terremotos iluminaron Tenerife desde lejos.
Para obtener esa reconstrucción, Víctor Ortega-Ramos y sus colaboradores recurrieron a más de 785 telesismos registrados por la Red Sísmica Canaria entre 2017 y 2024 según leemos en Scientific Reports. Un telesismo es, sencillamente, un seísmo sucedido a gran distancia de la estación que lo detecta. Lejos de ser ruido inútil, esos episodios proporcionaron al equipo múltiples perspectivas del subsuelo tinerfeño.
Las ondas generadas a miles de kilómetros atravesaron extensas porciones del planeta antes de alcanzar los sensores de la isla. Allí, los investigadores analizaron las llamadas funciones receptoras, una técnica que permite estudiar cómo se transforman las señales al cruzar discontinuidades entre estratos con propiedades diferentes.
Recreación artística del análisis sísmico del interior de Tenerife. ChatGPT, César Noragueda.
Podemos pensar en cada episodio remoto como un destello que ilumina el mismo objeto desde otro ángulo. Con ese principio, el grupo elaboró un mapa de la velocidad de las ondas S hasta unos 50 kilómetros bajo la superficie. Y fue entonces cuando empezaron a aflorar los rasgos verdaderamente interesantes.
Cuatro anomalías y una gran zona de almacenamiento.
Los datos revelaron cuatro grandes regiones donde las ondas S se desplazan anormalmente despacio. Se encuentran bajo la corteza oceánica y forman una arquitectura desigual, lejos de un depósito simple y uniforme. La anomalía más marcada aparece en el sector occidental de Tenerife y ocupa aproximadamente la franja situada entre los 10 y los 30 kilómetros.
Los autores combinaron esas velocidades con información petrológica —el estudio de las rocas, su composición y su origen— y cálculos termodinámicos para estimar cuánto podría haberse fundido. En los puntos con los valores sísmicos más bajos, el análisis llega a obtener fracciones locales de fundido de hasta el 79 por ciento en masa. El resultado respalda la existencia de importantes áreas de almacenamiento magmático a gran profundidad.
"La anomalía más marcada aparece en el sector occidental de Tenerife y ocupa aproximadamente la franja situada entre los 10 y los 30 kilómetros: importantes áreas de almacenamiento magmático a gran profundidad".
Conviene descartar una gigantesca cueva hueca llena hasta el techo de lava incandescente. Una comparación mejor sería una esponja rocosa sometida a temperaturas extremas: dentro de una masa que conserva componentes sólidos, existen porciones fundidas interconectadas.
La fusión parcial explica esa convivencia. Una roca contiene distintos minerales y estos no se derriten necesariamente a la vez ni en idénticas circunstancias. Al aumentar la temperatura o variar la presión, algunos componentes pueden pasar al estado líquido mientras otros continúan sólidos. El subsuelo volcánico resulta así mucho menos parecido a un caldero y bastante más a un mosaico dinámico.
El Teide es la parte visible de una maquinaria mucho mayor.
Contemplar un volcán desde fuera induce otra simplificación: identificarlo con la montaña. El edificio que sobresale sobre Tenerife es, sin embargo, únicamente la manifestación superficial de procesos que abarcan decenas de kilómetros verticales.
El nuevo mapa ayuda a conectar esas escalas. Los autores interpretan las anomalías profundas como evidencias de reservorios de magma y de un proceso denominado underplating: roca fundida que se emplaza en la base de la corteza y puede alterarla térmica y químicamente.
Hay además una coincidencia reveladora: los grupos de terremotos locales aparecen por encima de las principales regiones de baja velocidad. Esa distribución concuerda con fenómenos de acumulación, desgasificación y entrada de volátiles magmáticos en el sistema hidrotermal, es decir, el conjunto de agua caliente, gases y fluidos que circula por las fracturas del terreno.
Ese patrón encaja con el “ruido volcánico” que Involcan registra desde 2016. Solo entre el 22 y el 23 de julio de 2026, por ejemplo, la red contabilizó cerca de 2.000 eventos híbridos en el suroeste de Las Cañadas, concentrados aproximadamente a diez kilómetros bajo tierra.
Recreación artística de roca parcialmente fundida bajo Tenerife. ChatGPT, César Noragueda.
¿Significa que el Teide va a entrar en erupción?
No. Detectar almacenamiento magmático en niveles inferiores no implica que ese magma esté ascendiendo ni permite anunciar una erupción próxima. Tenerife es una isla volcánicamente activa y conocer mejor aquello que ocurre debajo sirve precisamente para interpretar con mayor precisión cualquier evolución futura.
Una reactivación capaz de suscitar preocupación requeriría evaluar varias señales conjuntamente. Los especialistas vigilan la evolución de la sismicidad, posibles deformaciones del terreno, emisiones de gases, parámetros geoquímicos y movimientos de fluidos. Ningún indicador aislado funciona como un interruptor que anuncie por sí mismo que el magma vaya a alcanzar la superficie.
Tenerife ha registrado diversos enjambres sísmicos durante el año y, entre el 18 y el 26 de junio, Involcan localizó 1.383 microterremotos en el sector suroeste de Las Cañadas. También ha observado desde 2024 una ligera deformación en el noreste del complejo Teide-Pico Viejo y un aumento sostenido de la emisión difusa de dióxido de carbono en el cráter.
"Detectar almacenamiento magmático en niveles inferiores no implica que ese magma esté ascendiendo ni permite anunciar una erupción próxima: una reactivación capaz de suscitar preocupación requeriría evaluar varias señales conjuntamente".
Pese a ese conjunto de observaciones, el organismo recalcó que no existían evidencias de un incremento de la probabilidad eruptiva a corto ni medio plazo. El descubrimiento no constituye, por tanto, una alarma. Proporciona algo mucho más útil: contexto para comprender las señales que los instrumentos ya recogen.
Una nueva manera de mirar Tenerife.
Saber que existe magma bajo una isla volcánica no resulta, por sí solo, sorprendente. La importancia del trabajo reside en averiguar cómo se organiza ese mundo inaccesible. Por primera vez, los investigadores disponen de una visión tridimensional de la corteza y el manto superior tinerfeños basada en este análisis, capaz de situar las principales anomalías y relacionarlas con fenómenos observados más arriba.
Eso reformula la pregunta. El interés ya no reside solo en saber si hay roca fundida, sino en localizar dónde se concentra, cómo se reparte, qué conexión guarda con la actividad sísmica local y de qué manera los procesos profundos pueden alimentar el sistema hidrotermal. La nueva referencia permitirá comparar observaciones futuras y afinar la vigilancia volcánica.
También transforma una intuición cotidiana. Un volcán no es simplemente una montaña con un conducto que desemboca en un depósito subterráneo. Es la expresión visible de una maquinaria geológica extensa, heterogénea y cambiante, buena parte de la cual permanece escondida a cotas imposibles de alcanzar directamente.
Quien contemple ahora el Teide seguirá viendo la misma cumbre. Bajo ella, sin embargo, podrá concebir algo diferente: una arquitectura que continúa decenas de kilómetros hacia el interior terrestre. No hemos perforado hasta allí ni introducido una cámara, sino que hemos aprendido a escuchar seísmos ocurridos al otro lado del mundo y dibujar con sus ecos el subsuelo. A veces, para mirar bajo nuestros pies, hay que escuchar cómo vibra todo el planeta.
Por: César Noragueda. Periodista especializado en cine, ciencia y pensamiento crítico.
Sitio Fuente: MuyInteresante