Nueva carretera Bolivia-Brasil para promover agronegocios alerta a expertos por impactos en el bosque chiquitano
CIENCIAS DE LA VIDA.![]()
- El presidente Rodrigo Paz firmó un acuerdo para iniciar los trámites y estudios de una carretera que unirá el municipio de San Ignacio de Velasco, en la Chiquitania boliviana, con el estado de Mato Grosso, Brasil.
- El proyecto es impulsado por empresarios brasileños, que buscan comprar terrenos en el bosque chiquitano para emprendimientos agrícolas y ganaderos, en especial, para la producción de soja.
- El empresario brasileño Eraí Maggi, conocido como el “rey de la soja”, es la figura central de la expansión brasileña en tierras bolivianas.
- Expertos advierten por la deforestación en Chiquitania, Bolivia, donde se ubica el bosque seco tropical más grande de América, en un país que se ubica en el segundo puesto de los más deforestados del mundo.
La Chiquitania es uno de los biomas más afectados en Bolivia por la deforestación para cultivos de granos. Foto: cortesía OBSC.
El último día del mes de julio San Ignacio de Velasco, un municipio al este de Bolivia, se convirtió en una zona de encuentro entre el poder político y el empresariado agrícola y ganadero de Bolivia y Brasil. Ese día, el presidente boliviano, Rodrigo Paz, firmó un acuerdo para el inicio de estudios técnicos de la carretera que conectará San Ignacio de Velasco con Marfil, en la frontera con Brasil. Un segundo tramo de esta vía se extenderá en el lado brasileño hacia el municipio de Vila Bela da Santíssima Trindade. Expertos consultados por Mongabay Latam sostienen que el proyecto traerá resultados negativos para el ambiente: deforestación y el cambio de uso de suelos para consolidar cultivos de soja y campos ganaderos en el lado boliviano.
San Ignacio de Velasco es un municipio ubicado en el corazón de la Chiquitania boliviana, caracterizada por sus extensiones de bosque seco tropical. Tiene 67 103 habitantes, de acuerdo al último censo oficial de 2024. El 31 de julio su pequeño aeropuerto se transformó en uno de categoría internacional: unos 15 aviones privados aterrizaron en el aeródromo municipal. Todos, a excepción del avión presidencial boliviano, eran aeronaves de empresarios y políticos brasileños. Uno de ellos era Eraí Maggi, conocido en Brasil como el “rey de la soja”.
San Ignacio de Velasco, con 3.4 millones de hectáreas de bosque chiquitano, equivalente al 6.2 % de los bosques de Bolivia, se convirtió en el epicentro de la deforestación en Bolivia, como informó la revista Nómadas en 2025. Según el Instituto de Investigaciones Socio-Económicas (IISEC) de la Universidad Católica Boliviana (UCB), entre 2017 y 2023, más de 324 275 hectáreas de bosque fueron desmontadas para fines agropecuarios en San Ignacio de Velasco. Es decir, casi el 15 % de toda la deforestación registrada en Bolivia en ese periodo ocurrió en este municipio. El 52 % de esa deforestación ocurrió en tierras privadas empresariales o medianas y otro 36 % en tierras fiscales.
<Brasil, que alberga casi dos tercios de la Amazonía, ocupa el primer lugar a nivel mundial en deforestación de bosque tropical, según Global Forest Watch (GFW). Sin embargo, la deforestación comenzó a disminuir a principios de la década de 2000 y cayó drásticamente desde 2023, informó la organización. El 7 de agosto, el Ministerio de Medio Ambiente y Cambio Climático de Brasil anunció que se acerca a su tasa anual de deforestación más baja en décadas.
Bolivia, mucho más pequeña que Brasil, registró en 2025 la segunda mayor pérdida de bosque tropical del mundo, también según GFW. Desde la década de 1980, casi una octava parte de la cubierta forestal del país ha desaparecido, según GFW.
El bosque chiquitano es el bosque seco tropical más grande de América, conocido por su biodiversidad. Este bioma es centro año a año de los incendios forestales y la expansión agrícola, según Fundación Tierra. De acuerdo a la misma entidad, perdió la mayor proporción de su vegetación nativa comparado con cualquier otra zona en la cuenca amazónica, lo que lo convierte en el ecosistema más amenazado de la región.
San Ignacio de Velasco es parte del bosque seco chiquitano. En esa zona la deforestación se expande de la mano del agronegocio. Foto: cortesía FCBC.
Allí, es donde el gobierno de Paz busca construir una nueva carretera, que se sumará a otros dos corredores que ya conectan con Brasil. Uno llega a San Matías y el otro a Puerto Quijarro, ambas poblaciones fronterizas.
Proyecto carretero.
Stasiek Czaplicki, economista, investigador boliviano y coautor del libro “Santa Cruz SA. El mito empresarial y la realidad depredadora”, explicó a Mongabay Latam que el proyecto carretero que impulsa el gobierno de Paz está pensado para unir los negocios agroindustriales de Brasil en terrenos bolivianos que no tienen poblaciones, lo que muestra, dijo, que la apertura de la vía generará deforestación para beneficio del agronegocio.
“No es un proyecto carretero que está integrando centros poblacionales, sino que está diseñado para mover mercancía y abrir el camino a zonas de expansión de la frontera agropecuaria en Bolivia”, con empresarios brasileños a la cabeza. “Desafortunadamente no genera muchos aportes a Bolivia, ya que están involucrados actores que no suman aportes fiscales. Tampoco generan mucho empleo, ya que se trata de expansión de monocultivos, como soja, que son altamente mecanizados”, afirmó Czaplicki.
El experto añadió que los riesgos ambientales “son muchos, ya que es una zona que sufre hace mucho tiempo de sequías, procesos vinculados a incendios, al cambio climático, que se irán exacerbando justamente con este proyecto carretero, que se financia con deuda que asumimos todos los bolivianos”.
Según el Ministerio de Obras Públicas de Bolivia, entidad que envió un comunicado a Mongabay Latam, el proyecto carretero tiene una extensión de 135 kilómetros “Los estudios establecerán las características técnicas de una vía destinada a mejorar la conectividad de una región con alto potencial productivo, forestal y ganadero, donde actualmente predominan caminos de tierra que dificultan el tránsito durante la época de lluvias y encarecen el transporte de personas y mercancías”, sostuvo el Ministerio. “Además, facilitará el acceso a mercados nacionales e internacionales, reducirá los costos logísticos y fortalecerá el desarrollo económico de las comunidades de la región”, explicó la cartera de Obras Públicas de Bolivia.
También agregó que el proyecto permitirá conectar este nuevo corredor con la Red Vial Fundamental y con la red vial del Estado de Mato Grosso, en Brasil, “fortaleciendo el intercambio comercial y la integración entre Bolivia y Brasil”. Asimismo, la entidad pública detalló que esta obra “se constituirá en un nuevo eje estratégico del corredor bioceánico, consolidando a San Ignacio de Velasco como una puerta de conexión internacional”.
El gobierno de Paz apuesta por la soja y otros cultivos básicos para impulsar el crecimiento económico, mientras que los agricultores brasileños buscan cada vez más tierras y oportunidades de inversión fuera de sus fronteras.
Según el Ministerio de Obras Públicas de Bolivia, el día de la firma del inicio de este proyecto carretero estuvieron presentes el presidente Rodrigo Paz; el gobernador de Santa Cruz, Juan Pablo Velasco; y ministros bolivianos. Además, llegó una delegación del Estado de Mato Grosso encabezada por el exgobernador Mauro Mendes; el secretario de Estado de la Casa Civil, Mauro Carvalho; el secretario de Estado de Desarrollo Económico, César Miranda; el secretario de Estado de Turismo, Luiz Carlos Nigro; el diputado estatal Valmir Moretto; alcaldes de diez municipios de la franja fronteriza; y más de 50 empresarios brasileños de los sectores de infraestructura, agronegocios, energía y servicios.
Entre ellos estaba el “rey de la soja” de Brasil: Eraí Maggi, fundador y socio principal de la empresa Bom Futuro, la compañía sojera brasileña de alcance mundial, perteneciente a la rama de la familia Maggi. El empresario es primo de Blairo Maggi, ex ministro de Agricultura, Ganadería y Abastecimiento (2016–2019) en el gobierno de Jair Bolsonaro, y dueño del otro gran conglomerado sojero del país: Amaggi.
Bom Futuro es una de las compañías más importantes del sector sojero brasileño y proyecta facturar entre 1600 y 2000 millones de dólares en 2026, según el IISEC, que registró datos de portales económicos de Brasil. Mongabay Latam escribió al correo corporativo de Maggi, pero no recibió respuesta para conocer su posición sobre la carretera y la expansión de empresas agropecuarias brasileñas en Bolivia.
“¿Por qué nos fijamos en Bolivia? Porque tuvimos las mismas dificultades aquí en Brasil. Las mismas”, afirmó Maggi en el Foro Empresarial Brasil-Bolivia, que se desarrolló en la ciudad de Sao Paulo en marzo de este año y que contó con la presencia del presidente Paz y algunos de sus ministros.
“Sé que algunos se preguntan qué hace Eraí en Bolivia. Y vi gente que decía: ‘Te veo aquí y se me pone la piel de gallina, el precio de la tierra se va disparar’. Sentí alegría y tristeza a la vez, porque la tierra es una consecuencia. Ganar dinero es una consecuencia. Y sabemos lo que estamos haciendo allí”, dijo Maggi en ese evento.
En los últimos días, el medio económico Bloomberg expuso este fenómeno y sostuvo que el endurecimiento de los controles ambientales en Brasil ha desplazado la presión del agronegocio hacia Bolivia, convirtiéndolo en un nuevo foco de deforestación debido a tierras más económicas y normativas laxas. Este fenómeno, que afecta principalmente a la Chiquitania, es impulsado por la expansión agropecuaria y políticas locales que exigen desmontes para la tenencia de tierras.
El impulso brasileño.
Valmir Moretto es diputado del estado de Mato Grosso. En contacto con Mongabay Latam, afirmó que el empresariado agropecuario y ganadero de su región pretende llevar a Bolivia tecnología para un mejor cultivo de granos y declaró su “apoyo total” al proyecto carretero entre San Ignacio de Velasco y Marfil, en la frontera con Brasil. El legislador dijo que del lado brasileño las obras para conectar el límite fronterizo con Vila Bela da Santíssima Trindade ya comenzaron.
“Estoy trabajando directamente para hacer realidad ese viejo sueño: la nueva carretera internacional que conectará Mato Grosso con Bolivia. Este es un hito histórico para fortalecer la integración entre los dos países y abrir nuevas oportunidades de desarrollo para nuestra región”, afirmó Moretto.
El legislador añadió que este corredor “impulsará la agricultura, reducirá los costos de logística, facilitará el comercio internacional y generará más desarrollo para el oeste de Mato Grosso. Seguimos trabajando con compromiso, diálogo y resultados que marcan la diferencia para aquellos que viven y producen en nuestro estado”.
Mientras, Miguel Vargas, abogado, investigador sobre la problemática indígena de las tierras bajas de Bolivia y ex director del Centro de Estudios Jurídicos e Investigación Social (CEJIS), coincide en diálogo con Mongabay Latam en que este proyecto carretero fue promovido por el agronegocio brasileño, en alianza con sectores agroindustriales de Bolivia y Paraguay.
“No creo que debamos verlo solamente como una carretera, sino como parte de una apuesta regional que busca generar mejores condiciones para la expansión del agronegocio”, afirmó Vargas, quien detalló que Brasil necesita nuevas áreas para ampliar la producción de monocultivos, principalmente soja, pero también nuevas rutas que permitan transportar esa nueva producción hacia los mercados internacionales.
“Los impactos serán ambientales, pero también sociales. Uno de los principales riesgos es la deforestación. Y no me refiero solamente al bosque que pueda perderse durante la construcción de la carretera. El problema mayor está en lo que puede ocurrir después, cuando la carretera facilite el ingreso a nuevas áreas y la habilitación de tierras para la producción agropecuaria y de monocultivos”, dijo Vargas.
El experto expresó también su preocupación por los pueblos indígenas. Dijo que si este corredor posteriormente se articula con el tramo Roboré–Hito VI, hacia la frontera con Paraguay, la presión avanzará hacia áreas del Chaco en las que habita el pueblo indígena ayoreo, incluyendo zonas relacionadas con la presencia de segmentos de este pueblo en situación de aislamiento.
“Por eso, cuando hablamos de los impactos de esta carretera, no podemos mirar solamente los kilómetros que tendrá o el bosque que será afectado directamente por su construcción. Tenemos que mirar qué procesos puede desencadenar en los próximos años y cuáles serán sus efectos sobre los bosques, los territorios indígenas y las poblaciones que viven en estas regiones”, resaltó Vargas.
El especialista acotó que el punto central del debate son los beneficios que puede traer esta carretera: “Evidentemente una carretera puede mejorar la conectividad, reducir tiempos y costos de transporte y facilitar la comunicación entre distintas regiones. No se trata de negar esos beneficios. La pregunta es quiénes se beneficiarán principalmente de esta carretera y cuáles serán los costos que tendremos que asumir para obtener esos beneficios”.
Por: Iván Paredes Tamayo.
Sitio Fuente: Mongabay