¿Cómo crea el cerebro la experiencia subjetiva?
CIENCIAS DE LA SALUD / NEUROLOGÍA.
¿Cómo se transforma una descarga eléctrica en una emoción? Si miramos dentro de un cráneo humano, solo encontraremos una masa gelatinosa de color gris y blanco, agua, grasa y unos 86.000 millones de neuronas intercambiando señales químicas y eléctricas.
Sin embargo, cuando abrimos los ojos, esa actividad biológica se convierte milagrosamente en el azul del cielo, el sabor amargo del café de la mañana o la melancolía de una tarde de lluvia.
Este abismo entre la materia física y la experiencia subjetiva es lo que el filósofo y científico cognitivo David Chalmers bautizó en los años 90 como el problema difícil de la conciencia. A diferencia de los problemas "fáciles" —como entender qué regiones cerebrales controlan el sueño o cómo procesamos los estímulos visuales—, el problema difícil desafía las leyes de la neurociencia actual: nadie sabe exactamente cómo la materia se convierte en sentimiento.
De impulsos eléctricos a la experiencia en primera persona.
Para entender la magnitud del misterio, debemos separar el procesamiento de información de la experiencia en sí. La neurociencia clásica ha avanzado a pasos agigantados en el mapeo de las funciones cerebrales. Sabemos, por ejemplo, que las señales lumínicas captadas por la retina viajan como impulsos eléctricos a través del nervio óptico hasta el lóbulo occipital, situado en la parte posterior del cerebro, donde se procesan las formas y los colores.
Como se observa en el mapa del sistema nervioso, cada región o lóbulo cerebral se especializa en descodificar una parte de la realidad (el lóbulo occipital para la visión, el temporal para la audición o el parietal para la percepción sensorial). Pero el procesamiento de datos no equivale a la experiencia. Una cámara digital también procesa la luz en forma de píxeles y un ordenador ejecuta algoritmos complejos, pero asumimos que ni la cámara ni el ordenador "sienten" el color rojo o disfrutan de la imagen.
En filosofía de la mente, estas cualidades puramente subjetivas de las experiencias individuales se denominan qualia. El misterio no es cómo el cerebro registra que el fuego quema (una respuesta adaptativa del sistema nervioso para sobrevivir), sino por qué la quemadura duele de esa forma tan particular.
Las principales teorías neurocientíficas sobre la mesa.
Aunque el problema difícil sigue sin resolverse, la ciencia no se ha quedado de brazos cruzados. Existen dos grandes marcos teóricos que intentan tender un puente sobre este abismo:
- Teoría del Espacio de Trabajo Global (GWT): Propuesta por Bernard Baars y desarrollada por neurocientíficos como Stanislas Dehaene, compara la mente con un teatro. La mayor parte del procesamiento cerebral ocurre entre bastidores (de forma inconsciente). Sin embargo, cuando una información es lo suficientemente relevante, se proyecta en el "escenario principal" o espacio de trabajo global, permitiendo que diferentes áreas del cerebro (el Cerebrum) coordinen una respuesta unificada. En ese momento exacto, la información se volvería consciente.
- Teoría de la Información Integrada (IIT): Formulada por Giulio Tononi, aborda el problema desde una perspectiva matemática y física. Sostiene que la conciencia no es el resultado de un truco biológico exclusivo del cerebro, sino una propiedad fundamental de cualquier sistema físico que posea un alto grado de información integrada (medida con la letra griega Phi). Según la IIT, el cerebro es extremadamente consciente porque sus miles de millones de conexiones neuronales están interconectadas de una forma tan compleja que el todo es infinitamente mayor que la suma de sus partes.
¿Un límite de nuestra propia biología?
A medida que la inteligencia artificial avanza y simulamos redes neuronales cada vez más complejas, la pregunta cobra una urgencia renovada. Si la conciencia es solo el resultado de conectar nodos que intercambian impulsos eléctricos, las máquinas del futuro podrían desarrollar su propia experiencia subjetiva del mundo. Si, por el contrario, requiere de la biología específica de la materia gris y los neurotransmisores, la experiencia subjetiva seguirá siendo un patrimonio exclusivamente orgánico.
Por ahora, el problema difícil de la conciencia permanece como una de las fronteras finales de la ciencia. Es posible que necesitemos una nueva revolución en la física o una forma completamente diferente de entender la relación entre mente y materia. Mientras tanto, cada vez que miramos un paisaje o escuchamos una melodía, asistimos al mayor espectáculo de magia del universo: el tejido de la realidad transformado por un kilogramo y medio de materia gris.
Sitio Fuente: NCYT de Amazings