Zorro enano de Cozumel: científicos emprenden la búsqueda de este misterioso animal, considerado casi extinto en México
México: CIENCIAS DE LA VIDA / ZOOLOGÍA.
- En septiembre de 2023 se registró el primer avistamiento fotográfico confirmado en más de dos décadas del zorro enano de Cozumel (Urocyon sp.), un cánido endémico que llegó a considerarse extinto en esta isla del Caribe mexicano.
- A principios de 2026, comenzó una búsqueda sistemática en la isla con más de 80 cámaras trampa y recolección de muestras biológicas para determinar su distribución, tamaño poblacional y estado de conservación.
- La evidencia morfológica disponible sugiere que el zorro de Cozumel presenta rasgos consistentes con enanismo insular, lo que ha abierto la posibilidad de que sea una especie distinta a sus parientes continentales, aunque esto aún no ha sido confirmado.
- El caso muestra que aún hay poca información científica sobre su situación real y subraya la necesidad de obtener datos básicos sobre su ecología y población para evaluar su estado de conservación antes de una posible pérdida irreversible.
La primera fotografía jamás tomada de un zorro enano de Cozumel (Urocyon sp.), subida a iNaturalist en septiembre de 2023. Fue la primera confirmación visual de que el zorro aún sobrevivía en la isla. Foto: cortesía Rafael Chacón
La llamada llegó como muchas otras. Alguien había visto un animal aparentemente golpeado y desorientado cerca de la carretera en la costa oriental de Cozumel y avisó al biólogo Rafael Chacón Díaz. Para él, durante casi tres décadas, atender reportes de fauna silvestre herida o atropellada ha sido parte de su rutina. Mapaches, coatíes, aves y reptiles forman parte de una estadística que parece crecer con el desarrollo de esta isla ubicada en el Caribe mexicano. Aquella vez, sin embargo, el animal era diferente.
Cuando llegó al sitio, el 14 de septiembre de 2023, Chacón encontró un pequeño zorro junto a la carretera. Lo observó con atención, le tomó una fotografía y coordinó su rescate con el equipo de biólogos de la Fundación de Parques y Museos de Cozumel (FPMC), con autorización de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) y la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp). Tres días más tarde, el animal fue liberado en un sitio seguro: el Parque Ecológico Estatal Laguna Colombia, al sur de la isla y lejos de la carretera.
Lo que Chacón documentó con su cámara fue mucho más que un encuentro fortuito: era el primer registro fotográfico y el primer avistamiento confirmado en más de dos décadas del zorro enano de Cozumel (Urocyon sp.), un pequeño cánido endémico cuya supervivencia permanecía rodeada de incertidumbre.
“Fue algo increíble”, recuerda Chacón, director del Centro de Conservación y Educación Ambiental de la FPMC, en conversación con Mongabay Latam. “Te vienen muchas cosas a la cabeza. Los avistamientos de los que se hablaba pero de los que no había registros, las dudas sobre qué hace aquí… todos los cuestionamientos al ver una especie que tenía muchos años sin encontrarse. Y además tener la suerte de verla y fotografiarla”.
Esa imagen fue difundida en redes sociales y en algunos medios locales. Chacón la subió también a la plataforma de ciencia ciudadana iNaturalist, utilizada por miles de observadores de biodiversidad. Allí fue donde Travis Bayer, investigador de la Universidad de Rhode Island y fundador de la organización Pathos Wildlife, la pudo ver.

Vista del Parque Ecológico Estatal Laguna Colombia, una de las áreas naturales protegidas más grandes que aún existen en Cozumel. La reserva es el lugar donde se registraron avistamientos históricos del zorro de Cozumel en 1995 y 2001, y también se encuentra cerca del área donde Rafael Chacón capturó la primera evidencia fotográfica de la especie. Por lo tanto, actualmente se considera uno de los hábitats más probables del zorro de Cozumel. Foto: cortesía Rafael Chacón
Meses antes, durante un viaje de buceo a Cozumel, Bayer había quedado fascinado por la fauna terrestre de la isla. Sabía que allí habitaban tres mamíferos endémicos de talla reducida —un mapache, un coatí y un zorro— resultado de miles de años de evolución en aislamiento. Durante su estancia logró observar a los dos primeros, pero nunca al zorro.
De regreso en Estados Unidos, la idea siguió rondándole la cabeza. Mientras revisaba la escasa literatura científica disponible descubrió algo sorprendente: prácticamente no existían estudios sobre el zorro de Cozumel. Más allá de algunas referencias aisladas y un trabajo basado en restos óseos hallados en sitios arqueológicos mayas, nadie había realizado una búsqueda dirigida para determinar si la especie seguía existiendo. Aun así, era considerada críticamente amenazada o posiblemente extinta.
Cuando encontró la imagen de Chacón, vio algo más que una fotografía: era una pista. El zorro de las fotografías era diferente a cualquier zorro gris que hubiera visto antes. Del tamaño de un gato doméstico pequeño, tenía un pelaje suave de color gris y dorado, y orejas notablemente grandes.

Fotografía de cuerpo entero de un zorro cozumel macho adulto (Urocyon sp.) tras su liberación en el Parque Ecológico Estatal Laguna Colombia. Foto: cortesía Rafael Chacón.
“Fue surrealista”, recuerda Bayer. “Mi intuición había sido correcta: el zorro seguía ahí. Al ver esas imágenes por primera vez, sentí una mezcla de emoción y urgencia. Por primera vez, el zorro ya no era solo una descripción vaga enterrada en una vieja publicación. Sin embargo, también me recordó lo poco que sabemos sobre él. Si una especie podía pasar completamente desapercibida durante décadas a pesar de seguir existiendo, entonces el tiempo no estaba de su lado”.
Bayer contactó de inmediato a Chacón y comenzaron a trabajar juntos. En mayo de 2026, ambos publicaron el hallazgo, junto a otros colaboradores, en la revista Neotropical Biology and Conservation. Lo que inició con una fotografía terminó convirtiéndose en una investigación internacional para localizar al zorro y diseñar una estrategia de conservación. Juntos intentan responder una pregunta tan simple como extraordinaria: ¿cuántos zorros de Cozumel siguen vivos?

El biólogo Rafael Chacón. Foto: cortesía Rafael Chacón.
El misterio de una especie casi desconocida.
Cozumel es uno de los principales destinos turísticos de México y también uno de los territorios con mayor número de especies endémicas del país. Sin embargo, durante más de dos décadas no existieron registros confirmados del zorro. La ausencia de observaciones llevó a muchos especialistas a asumir que probablemente había desaparecido. Pero esa conclusión nunca se apoyó en búsquedas sistemáticas dirigidas específicamente a encontrarlo. Para Bayer, esa es una de las claves de la historia.
“No había evidencia suficiente para afirmar que estaba extinto, pero tampoco había esfuerzos de búsqueda realmente enfocados en comprobar si seguía existiendo”, señala.

Distribución espacial de los registros de zorros enanos en Cozumel, según el uso del suelo y los tipos de vegetación. El punto rojo delineado en negro indica la ubicación donde se fotografió al zorro en septiembre de 2023. Las estrellas blancas señalan avistamientos históricos de zorros enanos de 1984 y 1985 (Cuarón et al., 2004), y las estrellas negras indican avistamientos recientes observados por los autores durante el trabajo de campo en 2025 y 2026. El área de estudio está delimitada en negro. Las categorías de cobertura del suelo incluyen Bosque Subcaducifolio de Tierras Bajas (SDLF), Dunas Costeras (CD), Vegetación de Dunas Costeras (CDV), Bosque de Palmas (CPF), Bosque Subcaducifolio Medio (MSDF), Manglares (M), Cuerpos de Agua (WB), Urbanización/Asentamientos Humanos (U/HS) y Deforestación/Ausencia de Vegetación (DF/VoV). Mapa: cortesía Bayer et al., 2026.
Más intrigante aún es la posibilidad de que el zorro enano de Cozumel represente una especie distinta de sus parientes continentales. Bayer explica que los restos estudiados muestran señales de enanismo insular, un fenómeno evolutivo frecuente en ecosistemas aislados. Según los análisis publicados, estos zorros ya presentaban una reducción significativa de tamaño hace más de mil años. Su cuerpo era entre 60 % y 80 % más pequeño que el de los zorros grises del continente, una diferencia que afecta no solo las extremidades, sino también el cráneo y otras estructuras corporales.
Ese proceso evolutivo habría comenzado antes incluso del establecimiento humano permanente en la isla. Para Bayer, la evidencia acumulada apunta a que el zorro podría merecer reconocimiento como una especie propia. Sin embargo, demostrarlo requerirá pruebas genéticas y morfológicas obtenidas directamente de ejemplares actuales.
La paradoja es notable: una posible especie nueva para la ciencia podría estar luchando por sobrevivir mientras todavía se debate formalmente su identidad.

Perfil lateral del zorro enano de Cozumel (Urocyon sp.). Foto: cortesía Rafael Chacón.
La búsqueda en la selva.
A principios de 2026, Bayer y Maggie McGreal, cofundadora de Pathos Wildlife, llegaron a Cozumel para intentar resolver parte del misterio. En colaboración con la Fundación de Parques y Museos de Cozumel y de especialistas locales encabezados por Chacón, desplegaron uno de los esfuerzos de búsqueda más ambiciosos realizados hasta ahora para la especie.
Más de 80 cámaras trampa fueron instaladas a lo largo de la distribución histórica del zorro. El trabajo implicó recorrer 100 kilómetros cuadrados de selvas densas, manglares, humedales y zonas de difícil acceso donde pocas personas se aventuran regularmente.
“La selva de Cozumel es complicada”, explica Chacón. “Hay muchas zonas prácticamente inaccesibles. Entrar no es sencillo”. El objetivo del proyecto es obtener imágenes que permitan confirmar la presencia actual del animal, identificar los sitios donde todavía persiste y reunir información básica sobre su ecología.

Travis Bayer, fundador de Pathos Wildlife, desplegando una de las 84 estaciones de cámaras trampa durante el mayor estudio fotográfico realizado en Cozumel, un esfuerzo específico para localizar y proteger a los zorros que aún viven. Foto: cortesía Pathos Wildlife.

Maggie McGreal, cofundadora de Pathos Wildlife, de pie en la vasta selva interior de Cozumel durante el trabajo de campo, como parte de un despliegue a gran escala de cámaras trampa diseñado para buscar a zorros enanos de Cozumel. Foto: cortesía Rafael Chacón.
Además de las cámaras trampa, el equipo planea utilizar drones térmicos capaces de detectar animales activos durante la noche, cuando los zorros son más propensos a desplazarse. Si logran localizar individuos, los investigadores esperan obtener muestras de pelo, información genética y mediciones corporales que permitan evaluar formalmente el estatus taxonómico del zorro. Esa información podría resultar decisiva para impulsar medidas de protección más estrictas.
“Lo primero es saber cuántos quedan, dónde están y qué necesitan para sobrevivir”, resume Bayer. Los resultados de las cámaras todavía están siendo analizados y se darán a conocer próximamente, pero la expectativa es alta. Tanto para los investigadores estadounidenses como para quienes llevan décadas recorriendo la isla, la posibilidad de documentar nuevamente al zorro representa una oportunidad única.
“No solamente se trata de descubrirla y tener la foto”, comenta Chacón. “También se necesita la conciencia de la gente, que sepan que esas especies no solamente tienen valor cuando no las ves en 20 años y vuelven a aparecer. Están ahí y hay que conservarlas, no esperar a que se extingan para que tengan importancia”.

El zorro enano de Cozumel es aproximadamente del tamaño de un gato doméstico pequeño, con un pelaje suave de color gris y dorado, y orejas notablemente grandes. Foto: cortesía Rafael Chacón.
Mucho más que un zorro.
Aunque la atención social y mediática se ha concentrado en el redescubrimiento del animal, tanto Bayer como Chacón coinciden en que la historia es más grande que una sola especie. El zorro funciona como una ventana hacia problemas de conservación que afectan a toda la biodiversidad terrestre de Cozumel.
La expansión urbana y el turismo masivo continúan transformando parte del hábitat disponible, principalmente por la construcción de carreteras y nuevos complejos turísticos. Los perros y gatos ferales, así como la presencia de felinos carnívoros introducidos, ejercen presión sobre la fauna nativa. Pero hay una amenaza que ambos consideran especialmente urgente: los atropellamientos.
“Es algo que vemos prácticamente todos los días”, señala Chacón. Bayer considera que se trata de uno de los problemas más inmediatos y, al mismo tiempo, más fáciles de abordar mediante medidas relativamente simples. Pathos Wildlife, la FPMC y aliados locales trabajan en la implementación de señales dinámicas alimentadas por energía solar en tramos de carretera identificados como de alto riesgo.

Un coatí enano (Nasua nelsoni), uno de los tres carnívoros endémicos de Cozumel, fue hallado muerto en la carretera costera tras una colisión con un vehículo. Dado que esta carretera atraviesa zonas de transición de hábitats críticos, las colisiones entre fauna silvestre y vehículos siguen siendo una gran preocupación para la conservación, especialmente para las especies que dependen de la conectividad del paisaje entre los ecosistemas costeros e interiores. Foto: cortesía Pathos Wildlife.
Estos dispositivos muestran la velocidad en tiempo real y emiten alertas visuales cuando los conductores exceden los límites permitidos. En una isla que recibe millones de visitantes al año, muchos de ellos recorriendo Cozumel en vehículos rentados, los investigadores consideran que se trata de una medida de bajo costo y rápida implementación con potencial para disminuir de forma inmediata la mortalidad de fauna.
“Las colisiones entre vehículos y fauna silvestre ocurren a tasas alarmantes y representan un riesgo serio para especies como el zorro de Cozumel, que necesita moverse libremente por el paisaje para alimentarse, acceder a agua en temporadas secas y desplazarse entre parches de hábitat”, explica Bayer. “Creemos que estas señales de velocidad pueden ser una solución rápida y efectiva para reducir la mortalidad, pero la conservación también depende de la participación de la comunidad y de generar mayor conciencia entre residentes y visitantes sobre la importancia de esta especie”.

“Su vida depende de ti. Maneja con precaución”. Un mensaje en el vehículo de Rafael Chacón, que sirve como recordatorio de que la fauna silvestre de Cozumel comparte las mismas carreteras. Los accidentes de tráfico siguen siendo una causa importante de mortalidad en la isla, por lo que la concienciación pública es fundamental para los esfuerzos de conservación. Foto: cortesía Rafael Chacón.

Esta imagen, tomada durante el despliegue más reciente de cámaras trampa en Cozumel, documenta un margay (Leopardus wiedii), un carnívoro introducido en la isla. Su presencia aumenta la preocupación por las poblaciones de depredadores no nativos en expansión y su potencial para intensificar la competencia y depredar la fauna endémica, incluido el zorro enano de Cozumel. Foto: cortesía Pathos Wildlife.
Chacón reconoce que a veces resulta difícil mantener el optimismo frente al ritmo acelerado de los cambios ambientales en la isla. Sin embargo, ve en esta historia una oportunidad. “Muchas veces ves que el crecimiento y los impactos avanzan más rápido que los esfuerzos de conservación”, sostiene, “pero hay especies que necesitan mover a la gente. Y tal vez esta sea una de ellas”.
Su esperanza, dice, está puesta en las nuevas generaciones. “Estamos haciendo una lucha muy importante para conservar lo que ellos tienen derecho a conocer y disfrutar”, afirma. “Si no existe respeto y amor por la naturaleza, no hay esperanza”.
Para Bayer, el caso deja una lección que va más allá de Cozumel. Si una especie tan poco documentada pudo pasar desapercibida durante décadas en una isla que recibe millones de visitantes al año, entonces es posible que existan otros casos similares ocurriendo en silencio en distintos rincones del planeta.

El ejemplar de zorro enano de Cozumel (Urocyon sp.) fotografiado de espaldas momentos después de su liberación en el Parque Ecológico Estatal Laguna Colombia. Foto: cortesía Rafael Chacón.
El zorro de Cozumel aún no puede considerarse una historia de éxito. No se conoce cuántos individuos sobreviven ni cuál será su futuro. Pero su reaparición inesperada recuerda algo fundamental: incluso en los lugares que creemos mejor comprendidos, la naturaleza sigue guardando vacíos de conocimiento.
“Esto dejó de ser solo la búsqueda de un animal perdido. Se convirtió en una carrera para entenderlo y protegerlo antes de que desaparezca”, dice Bayer.
Por: Astrid Arellano.
Sitio Fuente: Mongabay