El 69% de la humanidad está dispuesta a sacrificar su dinero por el bien común
CIENCIAS SOCIALES.
Un experimento global en 125 países revela que el verdadero obstáculo para la acción climática no es la falta de voluntad, sino nuestro falso pesimismo sobre los demás.
El 69% de la población mundial elige la cooperación. / Henning W. /Pixabay
Un equipo internacional de investigadores liderado por la Universidad de Bonn acaba de publicar en la revista Science los resultados del mayor experimento sobre el comportamiento social humano realizado hasta la fecha. Los científicos han encuestado a más de 100.000 personas en 125 países, una muestra sin precedentes que representa al 92% de la población adulta mundial. Su objetivo era medir de forma empírica la disposición real de la gente a sacrificar beneficios económicos personales en favor de un bien común global, concretamente para frenar el cambio climático.
Los números han roto todos los esquemas de los propios autores del estudio: el 69% de la población mundial elige la cooperación. Esto significa que casi siete de cada diez habitantes del planeta están dispuestos a asumir costes económicos directos de su propio bolsillo para proteger el medio ambiente. No somos una especie intrínsecamente egoísta, sino todo lo contrario.
Ilusión psicológica.
Entonces, si somos una mayoría aplastante dispuesta a colaborar, ¿por qué cuesta tanto articular medidas globales y por qué existe una sensación constante de parálisis? Aquí es donde entra el descubrimiento más revelador de la investigación. El experimento sacó a la luz una ilusión psicológica masiva que actúa como un virus en nuestra sociedad: subestimamos sistemáticamente la buena voluntad de nuestros vecinos.
Cuando los encuestadores pidieron a los participantes que adivinaran cuántas personas de su entorno estarían dispuestas a cooperar económicamente, la media de las respuestas se desplomó hasta un mero 47%. Este sesgo pesimista no entiende de fronteras ni de culturas, ya que se registró de manera prácticamente idéntica en 124 de los 125 países evaluados. Vivimos bajo la falsa premisa de que estamos rodeados de personas a las que no les importa el futuro colectivo.
Obstáculo mental.
El problema de esta creencia es su efecto letal sobre la acción ciudadana. La sociología sabe muy bien que la cooperación humana suele ser condicional: estamos dispuestos a aportar nuestro esfuerzo, pero solo si creemos que los demás también van a cumplir con su parte del trato. Nadie quiere ser la única persona que se sacrifica mientras el resto se aprovecha. Al pensar que los demás no van a colaborar, nosotros también bajamos los brazos preventivamente, creando una profecía que se cumple a sí misma y que frena en seco cualquier iniciativa climática conjunta.
La gran noticia es que este obstáculo es puramente mental. Durante el transcurso del estudio, los economistas y psicólogos introdujeron una prueba muy simple: informaron a un grupo de personas sobre la verdadera tasa de solidaridad (ese 69%) que habían descubierto. Al comprender que la inmensa mayoría de sus conciudadanos ya estaban dispuestos a arrimar el hombro, los individuos aumentaron de forma automática y causal su propia disposición a cooperar.
El Papa tenía razón.
Esta necesidad de abandonar el pesimismo y la inacción es un mensaje que resuena actualmente más allá del ámbito científico.
Durante su visita a Madrid, el Papa León XIV ha abordado exactamente esta misma urgencia social. Tanto en sus encuentros institucionales como en los eventos con el mundo de la cultura y la empresa, el Pontífice ha hecho un encendido llamamiento a "tejer redes" y a "poner el bien común por encima de los intereses" particulares.
Su mensaje refuerza la conclusión del estudio: construir un futuro sostenible y solidario no requiere cambiar la naturaleza humana, sino atreverse a confiar en que la mayoría ya está dispuesta a cooperar.
Por: Redacción T21.
Sitio Fuente: Levante / Tendencias21