Artemis II revela 11.500 imágenes de la Luna y un dato clave sobre los astronautas que cambiará las futuras misiones a Marte
ASTRONÁUTICA.
Los primeros análisis tras el histórico viaje alrededor de la Luna muestran cómo reacciona el cuerpo humano al regresar de la ingravidez y ofrecen pistas esenciales para la exploración profunda del espacio.
Los astronautas de la misión Artemis II ha empezado a proporcionar datos críticos sobre su salud apenas unas horas después de regresar a la Tierra, permitiendo medir por primera vez con gran detalle cómo se adapta el organismo humano tras un viaje alrededor de la Luna. Los investigadores también analizarán más de 11.500 imágenes y vídeos lunares, además de innovadores “órganos en chip” que acompañaron a la tripulación durante su travesía.
La misión, que concluyó con un amerizaje seguro en el océano Pacífico el pasado 10 de abril, no terminó cuando la cápsula Orion tocó el agua. De hecho, para muchos científicos, el trabajo más importante apenas comenzaba. Los datos recopilados durante las horas, días y semanas posteriores al regreso podrían convertirse en una pieza fundamental para futuras expediciones humanas a la Luna y Marte.
Porque hay una pregunta que sigue inquietando a los expertos: ¿qué ocurre realmente con el cuerpo humano cuando abandona la ingravidez y debe volver a funcionar en un entorno gravitatorio? Artemis II está proporcionando algunas de las respuestas más completas obtenidas hasta ahora.
El desafío invisible: volver a caminar tras viajar alrededor de la Luna.
Aunque la imagen más espectacular de una misión espacial suele ser el lanzamiento o el regreso a la Tierra, uno de los mayores retos comienza justo después del aterrizaje. Tras varios días expuestos a la microgravedad, los sistemas fisiológicos humanos deben reajustarse rápidamente.
Por esa razón, los cuatro integrantes de Artemis II —los astronautas de la NASA Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch, junto con el astronauta de la Agencia Espacial Canadiense Jeremy Hansen— participaron en una intensa batería de pruebas médicas inmediatamente después de regresar.
Los investigadores recopilaron datos sobre presión arterial, frecuencia cardíaca, salud ocular y control motor en las primeras horas tras el amerizaje. El objetivo era capturar la respuesta fisiológica antes de que el organismo comenzara a readaptarse completamente a la gravedad terrestre. Pero hay un detalle especialmente llamativo.
Los astronautas también tuvieron que completar una especie de circuito de obstáculos diseñado para evaluar capacidades físicas básicas. Entre otras tareas, debían tumbarse, levantarse, desplegar una escalera de cuerda y ascender por ella. Estas pruebas ayudan a responder una cuestión crucial para futuras misiones lunares y marcianas: ¿podrán los astronautas realizar tareas críticas por sí mismos inmediatamente después de aterrizar en otro mundo?
A diferencia de los aterrizajes en la Tierra, donde equipos especializados esperan a los tripulantes, una futura expedición a Marte podría encontrarse completamente sola durante semanas o incluso meses. Los científicos también sometieron a la tripulación a simulaciones de caminatas en gravedad lunar utilizando sistemas de descarga gravitatoria en el Centro Espacial Johnson de la NASA. Estos dispositivos reproducen el efecto de una gravedad equivalente aproximadamente a una sexta parte de la terrestre.
Los resultados todavía están siendo analizados, pero podrían determinar cuánto tiempo necesitarán los futuros exploradores para recuperar capacidades físicas suficientes tras un viaje interplanetario.
El astronauta de Artemis II, Victor Glover, camina en una cinta de correr con un traje espacial conectado al Sistema de Descarga de Gravedad de Respuesta Activa de la NASA en el Centro Espacial Johnson de la NASA. Glover simula una caminata sobre la superficie de un planeta con un traje adaptado a la gravedad lunar. Los astronautas de Artemis II completaron esta y otras tareas con el traje antes del lanzamiento de su misión y pocos días después del aterrizaje, lo que permitió a los investigadores evaluar la rapidez con la que los cuerpos de las tripulaciones se adaptan a una gravedad diferente tras el alunizaje. Los resultados ayudarán a los científicos a comprender mejor cuánto tiempo después del aterrizaje las tripulaciones pueden completar tareas cruciales para la misión en la superficie de la Luna o Marte. Crédito: NASA/Robert Markowitz.
Virus dormidos y órganos artificiales: los experimentos más sorprendentes de Artemis II.
Más allá de los estudios físicos tradicionales, Artemis II incorporó investigaciones biomédicas que parecen sacadas de la ciencia ficción. Uno de los proyectos más interesantes es el denominado Immune Biomarkers. Los investigadores están comparando muestras de sangre y saliva obtenidas antes, durante y después del vuelo para detectar alteraciones inmunológicas causadas por el entorno espacial.
Uno de los objetivos consiste en averiguar si determinados virus latentes pueden reactivarse durante las misiones espaciales. Diversos estudios previos ya habían sugerido que el estrés fisiológico asociado a la exploración espacial podría favorecer el despertar de microorganismos que permanecen inactivos en el organismo durante años. Artemis II permitirá examinar este fenómeno con una precisión inédita.
Sin embargo, el experimento más innovador quizá sea AVATAR (A Virtual Astronaut Tissue Analog Response). Durante el viaje alrededor de la Luna, la nave transportó pequeños dispositivos conocidos como “órganos en chip”. Estas plataformas contienen células humanas capaces de reproducir determinadas funciones biológicas reales.
En este caso, los chips incluían células de médula ósea procedentes de cada astronauta. Los investigadores esperan descubrir cómo afectan simultáneamente la radiación del espacio profundo y la microgravedad al funcionamiento celular humano. Ahora esos dispositivos están siendo estudiados mediante técnicas avanzadas como la secuenciación de ARN a nivel de célula única, una herramienta capaz de revelar cambios moleculares extremadamente precisos.
Pero el potencial futuro del proyecto es aún más fascinante. La NASA contempla la posibilidad de enviar versiones personalizadas de estos chips antes que los propios astronautas en futuras misiones. De esta forma podrían evaluarse riesgos médicos específicos y diseñarse tratamientos adaptados a cada individuo incluso antes de su llegada.
Un científico manipula los chips de órganos de AVATAR tras su viaje alrededor de la Luna a bordo de la nave Orion. Los chips contienen células de cada astronauta y se están preparando para un análisis detallado. Crédito: NASA
7 horas observando la Luna: el tesoro científico que acaba de comenzar a analizarse.
La ciencia de Artemis II no se limita al cuerpo humano. También incluye una enorme cantidad de observaciones lunares que apenas han comenzado a estudiarse. El 6 de abril, durante el máximo acercamiento de Orion a la superficie lunar, los astronautas dedicaron casi siete horas continuas a examinar diferentes regiones de nuestro satélite. Siguiendo un plan científico elaborado minuto a minuto, la tripulación registró imágenes, vídeos y observaciones de numerosos accidentes geológicos.
Los científicos están revisando ahora miles de archivos para investigar destellos de impacto, variaciones cromáticas de la superficie lunar y la estructura de fallas, crestas y otras formaciones geológicas. La magnitud del material recopilado es extraordinaria. La NASA prepara la publicación de más de 100 grabaciones de audio científicas acompañadas de transcripciones completas, además de aproximadamente 11.500 fotografías y vídeos de la Tierra y la Luna.
Muchos de estos materiales ya han sido mostrados públicamente, pero la agencia espacial está trabajando para convertirlos en conjuntos de datos científicos plenamente accesibles a través del Sistema de Datos Planetarios (PDS), el gran archivo que conserva décadas de exploración espacial. Este esfuerzo permitirá que investigadores de todo el mundo puedan estudiar la información durante generaciones.
Y quizá ahí resida uno de los mayores legados de Artemis II. Mientras la humanidad se prepara para regresar a la Luna de forma permanente y sueña con poner pie en Marte, cada muestra biológica, cada imagen y cada dato fisiológico se convierte en una brújula para el futuro. Como las antiguas estrellas guiaban a los navegantes en los océanos terrestres, estos registros ayudarán a orientar a las próximas generaciones de exploradores en el inmenso mar oscuro del espacio profundo.
Por: Sergio Parra. Periodista científico.
Sitio Fuente: MuyInteresante