Una apuesta por el pastoreo y por sí misma

FAO.-

En las tierras altas de Nepal, una joven pastora está desarrollando un medio de vida a partir del queso de yak y de su decisión de no marcharse.

Mediante el proyecto se brindó apoyo a los pastores y a toda la cadena de valor pastoril, lo que permitió mejorar la higiene, la coherencia y la capacidad de elaboración a fin de ampliar las oportunidades relacionadas con los medios de vida de las comunidades pastoriles. © FAO

Subita Rai comienza su jornada antes de que la niebla se disipe de las colinas del distrito de Panchthar. A sus 28 años, gestiona junto a su marido un rebaño de 20 yaks y chauris (un cruce entre vaca y yak) en los escarpados pastos alpinos del municipio rural de Phalelung, en el este de Nepal. Allí, recorre los caminos trazados por sus progenitores antes que ella y se guía por la hierba, el agua y las condiciones meteorológicas durante las temporadas altas.

Al terminar la escuela secundaria, la mayoría de sus compañeros se trasladaron a la ciudad, y muchos de ellos soñaban con mudarse a lugares aún más remotos. Subita regresó a su casa, a las montañas. “Mis amigos querían marcharse al extranjero, pero yo quería volver a mi aldea”, comenta.

De hecho, Nepal pierde cada día entre 600 y 2 000 personas de entre 18 y 39 años que migran fuera del país en busca de oportunidades. Para Subita, en cambio, su aldea era un lugar repleto de posibilidades.

Al seguir los pasos de sus progenitores y dedicarse al pastoreo de yaks, una profesión tradicionalmente ejercida por varones, Subita desafió las arraigadas normas sociales y demostró que las mujeres podían asumir roles que iban más allá de lo que esperaba la sociedad.

No escogió, ni mucho menos, el camino más fácil, ya que el pastoreo en las tierras altas del este de Nepal exige un tipo especial de resistencia, tanto física como emocional. Vivir con animales a gran altitud, con condiciones climáticas adversas y en terrenos escarpados, requiere lo que Subita denomina “una mente tranquila”.

“Los animales sienten nuestra energía”, afirma.

--

El pastoreo en tierras altas exige resistencia, y resulta difícil depender de la leche de yak como medio de vida. La FAO, a través del proyecto de la Alianza para las Montañas, proporcionó equipos destinados a transformar la leche en queso, un producto de mayor valor y menos perecedero. © FAO

Además de ocuparse del pastoreo, se encarga del hogar y del cuidado de su hijo de dos años. Las tareas no se suceden, sino que son simultáneas, día tras día, en uno de los territorios más exigentes del sur de Asia.

Además, el cambio climático ha sumado nuevas presiones a su vida. Los ritmos que antaño hacían que el pastoreo en las tierras altas fuese una actividad predecible —variaciones estacionales que sus progenitores aprendieron y transmitieron— se han vuelto poco fiables. La lluvia llega de forma impredecible. Los patrones de pastoreo se han modificado hasta tal punto que resultan difíciles de prever y aún más de planificar. Durante los meses de monzón, sus animales se dispersan por un terreno muy extenso, por lo que resulta difícil reunirlos de forma segura. La incertidumbre acumulada de cada temporada exige una constante recalibración.

“Cada temporada plantea sus propios problemas”, comenta. “No obstante, no sirve de nada obsesionarse con ellos: yo prefiero centrarme en lo que hay que hacer en cada momento”.

Esa actitud —paciente, práctica y orientada a la acción sin dejar lugar a las lamentaciones— se refleja en la forma en que Subita habla de su vida. Según ella, también es una característica de las mujeres que se dedican a la agricultura de montaña en general. “Las mujeres cuidan a la vez de los animales, del hogar y de la tierra”, afirma. “Este equilibrio nos permite alimentar a nuestras familias”.

Subita añade que el queso ha influido de forma significativa en su decisión de quedarse.

Gracias a la colaboración entre la Secretaría de la Alianza para las Montañas, cuya sede se encuentra en la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), y la instalación destinada a la elaboración y producción de queso de yak de Kanchenjunga, Subita y su familia accedieron a equipos para la elaboración del queso, instalaciones mejoradas y capacitación en materia de producción, habilidades empresariales, comercialización y desarrollo de las cadenas de valor.

Sirviéndose del apoyo financiero de la Agencia Italiana de Cooperación para el Desarrollo, con la iniciativa se abordó un problema estructural que llevaba mucho tiempo limitando a las familias de pastores de las tierras altas: la leche de yak es altamente perecedera, el terreno es remoto y los mercados de leche cruda son de difícil acceso y poco fiables.

Esa situación cambió gracias a la capacitación impartida en el marco del proyecto de la FAO y la Alianza para las Montañas. Actualmente, toda la leche que produce la familia de Subita se convierte en queso artesanal: un producto de mayor valor que se transporta mejor, se conserva durante más tiempo y garantiza precios más estables. Subita también señala que las pérdidas poscosecha han disminuido y la estabilidad de los ingresos ha mejorado.

En la actualidad, Subita y su marido ocupan un puesto directivo en la instalación de Kanchenjunga: se trata de una función de carácter estructural, no ceremonial. El elemento de capacitación del proyecto se concibió para ayudar a las familias de pastores a percibir su actividad no solo como una tradición, sino también como una empresa.

Para Subita, esta distinción es importante. “Para las mujeres como yo, el pastoreo no es solo un oficio; es nuestra identidad y nuestro futuro”, afirma.

Subita cuenta sin sentimentalismos lo que exige ese futuro. Según ella, las mujeres que se dedican a la agricultura en tierras altas soportan cargas superpuestas, al tiempo que se enfrentan a un acceso limitado a los recursos, elevados volúmenes de trabajo y riesgos climáticos complejos. En su opinión, la solución es práctica: obtener acceso a la mecanización, a la tecnología y a una situación profesional que permita que las agricultoras sean tratadas como los agentes económicos que ya son.

“En un plazo de entre cinco y 10 años”, añade, “espero que se respete a las agricultoras como profesionales”. Hace una pausa. “Y yo me sigo viendo aquí, criando animales sanos y construyendo una familia fuerte”.

Su confianza, como ella misma indica, ha ido creciendo en paralelo a su trabajo. Según ella, hay algo esclarecedor en contribuir de forma constante al hogar: ver, de manera concreta, cómo el esfuerzo da su fruto.

“Me siento feliz con este trabajo”, comenta. “Cuando trabajas con dedicación, los resultados terminan llegando”.

En las tierras altas del este de Nepal, con un rebaño de 20 animales y un puesto directivo en una cooperativa, Subita Rai está construyendo algo duradero y trabajando para que su decisión de quedarse valga la pena.

En el marco del proyecto, se brindó apoyo a pastores y a toda la cadena de valor pastoril, y se amplió el apoyo a las instalaciones destinadas a la elaboración de queso de yak y a la capacitación en materia de comercialización dirigida a los elaboradores de queso de yak. Además, se está contribuyendo a mejorar los medios de vida de las comunidades pastoriles gracias al apoyo adicional ofrecido a la construcción y la renovación de centros de elaboración de queso, con el objetivo de mejorar la higiene, la coherencia y la capacidad de elaboración.

Este año, la FAO celebra el Año Internacional de los Pastizales y los Pastores. Los pastizales, que abarcan la mitad de la superficie de la Tierra, sustentan los medios de vida de millones de pastores y ganaderos, quienes, a su vez, custodian estos territorios gracias a la movilidad, los conocimientos tradicionales y las prácticas sostenibles que protegen la biodiversidad y los recursos naturales. Las inversiones orientadas a fines específicos y las políticas de apoyo pueden proteger las prácticas de pastoreo, salvaguardar los recursos naturales y permitir a los agricultores crear sistemas agroalimentarios resilientes, inclusivos y sostenibles para todos.

Sitio Fuente: FAO