Vigilancia en el Congo. Por qué detener la propagación del Ébola es complicado

CIENCIAS DE LA SALUD / EPIDEMIOLOGÍA.-

¿Hay riesgo en México en tiempos de fútbol? El virus Bundibugyo, protagonista del brote actual, es declarado emergencia de salud pública de importancia internacional.

La República Democrática del Congo enfrenta un nuevo brote de ébola que ha encendido las alertas sanitarias internacionales. Hasta el 31 de mayo (2026) se han registrado más de mil casos sospechosos, 321 confirmados y 48  muertes en ese país, aunque los especialistas consideran que el número real de contagios y decesos podría ser considerablemente mayor, debido a limitaciones sanitarias y conflictos internos en el país africano.

“Las cifras cambian constantemente”, reconoce el doctor Samuel Ponce de León, del Programa Universitario de Investigación sobre Riesgos Epidemiológicos y Emergentes (PUIREE) de la UNAM. “La situación es particularmente preocupante—advierte— porque si no se logra contener la transmisión, la infección podría extenderse aún más allá de las zonas actualmente afectadas”.

El desafío dista mucho de ser sencillo. Ya se han detectado casos en países vecinos como Uganda, y resulta difícil determinar con precisión si existen contagios en Sudán del Sur, nación fronteriza con la República Democrática del Congo, particularmente con la región noreste del país.

A ello se suma la fragilidad de los sistemas sanitarios en la zona del brote, donde las capacidades de vigilancia epidemiológica, diagnóstico y atención médica son limitadas, además del levantamiento armado que limita el acceso seguro del personal de la Organización Mundial de la Salud. 

"El problema ocurre en un contexto en el que las instituciones internacionales de salud atraviesan una etapa compleja. La salida de Estados Unidos y Argentina de la Organización Mundial de la Salud (OMS) —señala el investigador— afecta el funcionamiento de la OMS y profundiza las dificultades presupuestales que la organización arrastraba desde hace tiempo."

El riesgo se amplifica entre la enorme movilidad humana que caracteriza al mundo contemporáneo, un factor que favorece la dispersión de enfermedades infecciosas.

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No existe un solo ébola.

Aunque comúnmente se habla del “virus del ébola” como si se tratara de un único microorganismo, en realidad existen varias especies del género Ebolavirus. Todas son altamente peligrosas, pero solo algunas han demostrado capacidad de infectar y transmitirse entre humanos.

La más conocida es Zaire ebolavirus, responsable del devastador brote de África Occidental entre 2014 y 2016 y de varias epidemias anteriores en la República Democrática del Congo. Este virus ha provocado el mayor número de brotes, contagios y muertes. Es también el mejor estudiad y, por ello, el único para el que actualmente existen vacunas y terapias específicas aprobadas.

El protagonista del brote actual es Bundibugyo ebolavirus, una especie menos frecuente y mucho menos estudiada. Esa falta de conocimiento tiene consecuencias concretas: aún no existen métodos diagnósticos rápidos ni vacunas o tratamientos específicos aprobados contra este virus, lo que complica las estrategias de control. Los estudios derivados del brote podrían acelerar el desarrollo de nuevas herramientas diagnósticas y terapéuticas, considera el doctor Ponce de León..

Existe una notable similitud entre Bundibugyo ebolavirus y Zaire ebolavirus. Los cuadros clínicos, los mecanismos de transmisión y los niveles de mortalidad pueden ser comparables. Sin embargo, buena parte de su comportamiento biológico e inmunológico aún se está estudiando.

“El ébola es una enfermedad que se conoce a través de los brotes”, enfatiza el doctor Ponce de León. “Es cuando aparecen los casos, que pueden obtenerse muestras clínicas para analizar el comportamiento del virus, la respuesta inmunológica del organismo y desarrollar investigación orientada al diseño de medicamentos y vacunas capaces de combatir y prevenir la enfermedad”.

Comprender las diferencias no es un detalle menor. En el mundo de las enfermedades infecciosas, conocer exactamente qué variante circula puede marcar la diferencia entre contar con herramientas eficaces de prevención y tratamiento, o enfrentar una epidemia con recursos todavía limitados.

Mientras se desarrollan nuevas formas de diagnóstico, prevención y tratamiento, la contención del brote depende principalmente de las estrategias clásicas de la epidemiología: establecer cercos sanitarios, rastrear contactos, reducir la movilidad asociada a la transmisión y fortalecer la protección del personal de salud y de las comunidades expuestas.

Una de las prioridades es garantizar condiciones seguras para quienes trabajan en los sitios de contagio. Esto implica proporcionar equipo de protección adecuado —trajes impermeables, mascarillas, protección facial completa, guantes y botas—, así como asegurar el acceso continuo a agua, jabón, desinfectantes y protocolos estrictos de bioseguridad indispensables para la atención y el estudio de los pacientes.

Cómo ataca al sistema inmune.

El virus del ébola es altamente agresivo y, cuando entra al organismo humano, generalmente no encuentra defensas inmunológicas previamente preparadas para reconocerlo, ya que la mayoría de las personas nunca ha estado expuesta al virus.

El patógeno es capaz de invadir células fundamentales de la respuesta inmune humana  —como macrófagos, monocitos y células dendríticas—, encargadas de reconocer al virus y activar las primeras alarmas antivirales del organismo. Al mismo tiempo, interfiere con esas señales de defensa, se multiplica rápidamente y desencadena una respuesta inflamatoria tan intensa que, en los casos graves, el propio cuerpo puede terminar dañándose a sí mismo.

“En el momento en que entra al organismo, al menos una tercera parte de las personas tiene una evolución extremadamente grave de la enfermedad y más de la mitad desarrolla cuadros altamente sintomáticos”, explica el especialista.

Comprender cómo responde el sistema inmune frente al Bundibugyo ebolavirus es fundamental para desarrollar mejores métodos diagnósticos, vacunas y tratamientos capaces de contener la expansión del virus.

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En las regiones afectadas, la atención de los enfermos se realiza mayormente en los hogares y no en hospitales, donde el acceso a equipo de protección y protocolos de bioseguridad puede ser limitado.  Las cadenas de transmisión también pueden originarse en centros de salud cuando no se utilizan adecuadamente los equipos preventivos o cuando las condiciones sanitarias no son óptimas.

El virus puede transmitirse incluso después de la muerte del paciente. Los cadáveres conservan capacidad infecciosa y, en algunos contextos, las prácticas tradicionales de preparación, limpieza o manipulación del cuerpo sin las debidas precauciones pueden favorecer nuevos contagios.

Por ello, una parte fundamental del control de los brotes del virus del ébola consiste en garantizar la protección del personal sanitario, promover prácticas seguras de atención domiciliaria y establecer protocolos adecuados para el manejo de pacientes y cadáveres, agrega el doctor.

¿México en riesgo?

Ante la proximidad del Mundial de fútbol, las autoridades sanitarias mantienen atención sobre la posibilidad de que personas infectadas puedan desplazarse internacionalmente antes de desarrollar síntomas.

Una de las principales preocupaciones es la llegada de viajeros procedentes de regiones afectadas por el brote causado por Bundibugyo. En esos casos, las estrategias de contención incluyen recomendaciones sanitarias, vigilancia epidemiológica y medidas dirigidas a personas provenientes de zonas con transmisión activa de ébola.

México no cuenta con vuelos directos desde África central, por lo que un eventual arribo de viajeros procedentes de la República Democrática del Congo ocurriría generalmente a través de escalas en Europa o Estados Unidos. Este último país ya implementó restricciones aéreas relacionadas con la región afectada, mientras que México ha emitido recomendaciones dirigidas a viajeros hacia las zonas de riesgo.

El doctor Ponce de León considera que la probabilidad de que ocurra un brote de este virus de ébola en México es muy baja, aunque no inexistente. En un mundo caracterizado por una intensa movilidad internacional, siempre existe la posibilidad de interacción con una persona infectada que haya viajado desde alguna zona afectada —no necesariamente del Congo o Uganda— y que llegue a otro país durante el periodo inicial de la infección, antes de presentar síntomas evidentes.

“Afortunadamente, México cuenta con sistemas capaces de detectar oportunamente un posible caso importado y activar protocolos de respuesta sin generar escenarios de pánico. Las acciones deben comenzar en aeropuertos y otros puntos de entrada mediante evaluación clínica, aislamiento temporal y monitoreo de contactos cuando resulte necesario”, señala el académico de la UNAM.

Explica que las alertas y las medidas preventivas deben comenzar desde los puntos de entrada al país —aeropuertos y, cuando sea necesario, puertos marítimos— mediante instalaciones adecuadas para la evaluación y aislamiento temporal de viajeros con síntomas compatibles con la enfermedad.

“Por ejemplo, un pasajero que durante un vuelo presente fiebre, dolor de cabeza, náusea o malestar importante tendría que permanecer bajo vigilancia estrecha y contar con una evaluación médica inmediata. Dependiendo de la situación epidemiológica, podría ser necesario monitorear también a sus contactos cercanos e incluso, en algunos casos, a integrantes de la tripulación aérea.”

Para ello, los aeropuertos deben disponer de espacios apropiados, bien ventilados, protocolos claros de actuación y personal capacitado. En otras palabras, subraya el investigador, debe existir un sistema preventivo sólido capaz de identificar rápidamente un posible caso y activar las medidas de respuesta antes de que pueda generarse una cadena de transmisión.

“Por otro lado, todos los sectores del sistema de salud deben mantener informados y capacitados a los médicos sobre los factores de alerta que obligan a activar medidas preventivas inmediatas. El personal sanitario debe adoptar precauciones iniciales de protección y notificar rápidamente a la Dirección General de Epidemiología cualquier caso sospechoso para activar los mecanismos de vigilancia correspondientes. La detección temprana es fundamental”, subraya el infectólogo.

Identificar oportunamente a un paciente con síntomas compatibles y antecedentes epidemiológicos de riesgo permite iniciar medidas de contención antes de que pueda producirse una cadena de contagios.

“La contención de la amenaza de expansión internacional de un virus requiere de una red de vigilancia y comunicación epidemiológica, capaz de operar con rapidez, precisión y coordinación entre médicos, hospitales, laboratorios y autoridades sanitarias”, concluye el investigador en prevención y control de infecciones.

Por: Consuelo Doddoli. 

Sitio Fuente: Ciencia UNAM