Economía circular: nueva vida a lo que llamamos basura
ECONOMÍA.
El modelo se inspira en los ciclos de la naturaleza, donde nada se desperdicia.
¿Qué pasa con una botella de plástico, un celular viejo o una llanta desgastada después de que los desechamos? La respuesta más común es “van al basurero”. Este modelo, conocido como economía lineal, ha sido la base del desarrollo industrial durante décadas, pero también es responsable de la creciente acumulación de basura y el agotamiento de los recursos naturales.
Aunque lo anterior es lo más común, existe otra forma de actuar, una en la que los residuos no se tiran, sino que se transforman y se reintegran al ciclo económico. Esa visión es la base de la economía circular.
¿De dónde surge la economía circular?
Esta idea se inspira en los ciclos de la naturaleza, donde nada se desperdicia y todo se reintegra al ecosistema en forma de nutrientes o energía. No solo es reciclar, es diseñar productos y procesos que permitan reutilizar, reparar, transformar y reincorporar materiales en un ciclo continuo. Así, los residuos dejan de ser basura y se convierten en recursos para nuevas aplicaciones, construyendo un modelo más sostenible y eficiente para el planeta.
No es una idea futurista: actualmente se aplica en diversos sectores productivos y en soluciones que nos rodean, aunque a veces no lo notemos. Las botellas de plástico de tereftalato de polietileno (PET), después de cumplir su vida útil como envase, pueden transformarse en fibras textiles para crear ropa, alfombras o botellas 100% recicladas.
Otro caso es el de los neumáticos fuera de uso. En lugar de acabar en tiraderos o incineradoras, su caucho es triturado y sirve en la fabricación de asfalto, creando pavimentos más duraderos y con mejor adherencia.
También la industria tecnológica busca alternativas circulares, recuperando metales y componentes electrónicos de dispositivos desechados para construir nuevos equipos, disminuyendo así la extracción de materias primas.

¿De quién es la responsabilidad?
Aunque la economía circular implica una transformación global, es fundamental reconocer que los productores juegan un papel clave en este proceso.
La responsabilidad extendida del productor es un concepto que coloca la carga de gestionar los residuos generados en manos de quienes los producen. Esto significa que deben asumir la responsabilidad no solo por la creación de productos, sino por su ciclo de vida completo: desde la producción hasta la disposición final.
Bajo ese enfoque deben diseñar productos con mayor durabilidad, facilidad de reparación y reciclabilidad, promoviendo la reutilización de materiales y reduciendo la generación de desechos.
El modelo pone énfasis en la creación de incentivos para que las empresas se responsabilicen de sus productos una vez que estos hayan llegado al final de su vida útil. Un buen ejemplo es el aplicado en las políticas de los envases y empaques, donde las grandes marcas de consumo han adoptado sistemas de devolución y reciclaje, incentivando a los consumidores a entregar los productos vacíos para su reutilización.
Otro ejemplo, es la industria de la electrónica donde algunos fabricantes están implementando programas de reciclaje en los que los consumidores pueden devolver sus productos viejos a cambio de descuentos o beneficios.
Esto facilita el reciclaje de metales preciosos como el oro o el cobre y evita que dispositivos como teléfonos móviles o computadoras se conviertan en basura electrónica, que es uno de los residuos más contaminantes.
El papel del consumidor en la economía circular.
Los consumidores también desempeñan un papel crucial en el éxito de la economía circular, por ejemplo, eligiendo los hechos con materiales reciclados o reciclables, reparándolos o eligiendo aquellos que son de segunda mano o de alquiler. El cambio hacia un modelo más sostenible no solo depende de cómo se diseñan y fabrican los productos, sino de cómo los usamos, cuidamos y reciclamos.
Otra forma es realizando prácticas responsables como separar adecuadamente los residuos y la participación en programas de reciclaje, los consumidores cierran el ciclo del material, asegurando que los productos viejos no acaben en un vertedero.

En muchas ciudades, también hay centros de reciclaje que permiten la devolución de envases y empaques específicos.
La economía circular es, sin duda, una herramienta poderosa en la búsqueda de un futuro más sostenible al contribuir en la conservación de los recursos naturales y en la disminución de la contaminación al reducir la huella de carbono de los procesos industriales y frenar el impacto ambiental asociado a la extracción de recursos naturales, proceso que conlleva altos costos ecológicos.
Por ejemplo, reutilizar una tonelada de plástico reciclado en lugar de producir nueva resina ahorra una considerable cantidad de energía.
En resumen, la economía circular fomenta la innovación, impulsando el desarrollo de nuevas tecnologías y procesos que permiten una mejor gestión de los recursos. Impulsarla no solo es beneficioso para el medio ambiente, sino para las economías, al generar nuevos modelos de negocio y empleos más sostenibles.
Por: Por: Joaquín Flores / Jesús Leal/Fabricio Espejel / Ramón Vargas/Adrián Bórquez. Facultad de Ingeniería, Universidad Autónoma de Sinaloa.
Sitio Fuente: Ciencia UNAM