El quehacer de la Química con Felipe León Olivares
CIENCIAS EXACTAS: QUÍMICA.
“La química es una ciencia que contribuye al desarrollo económico”, dice uno de sus principales promotores en México.
“Es importante que este país sepa que la química es un área que contribuye al desarrollo económico, pero para transitar de ciencia básica a la aplicada es necesario vincular la educación superior, la iniciativa privada y el Estado”
Quien habla es el doctor Felipe León Olivares . Nuestra conversación se centra en sus dos intereses profesionales: la historia de la química en México y los libros antiguos. Con entusiasmo narra cómo ha adquirido ejemplares únicos en las librerías de viejo en la calle de Donceles, en el centro histórico, otros le fueron donados al hacer historia oral o incluso llegaron a sus manos por pura “casualidad”. Alguien sabía que él se dedica a estudiar la historia y pensó que quizá lo que había en aquella caja que “ya estorbaba”, le pudiera servir.
Para la entrevista nos recibe en el salón-laboratorio en el que imparte clases en el Plantel 1 “Gabino Barreda” de la Escuela Nacional Preparatoria de la UNAM, sitio en donde él mantiene en resguardo una gran cantidad de instrumentos que fueron parte del primer gabinete de química de Leopoldo Río de la Loza (uno de los farmacéuticos más destacados del siglo XIX) cuando dicha institución educativa se ubicaba en San Ildefonso.
Narra que cuando la ENP 1 se trasladó a su actual ubicación en Xochimilco, hace 45 años, también trajeron en la mudanza material que es parte de la historia de la ciencia y la educación en nuestro país, pues sirvió en muchas de las clases que formaron a quienes estudiaban en sus aulas a finales del siglo XIX.
Cuando llegaron a Xochimilco este material fue recluido en una bodega, poco a poco lo han ido sacando y hoy es utilizado para enseñar a las nuevas generaciones historia de la química mexicana y que los estudiantes identifiquen y reconozcan cuál es el origen de los instrumentos que actualmente usan en clase.
“Por ejemplo, es importante saber que hubo alambiques, y que después de los alambiques viene la retorta y después el equipo de destilación simple actual. Es fundamental si yo entiendo esto y además quién lo usó y para qué se usó”, explica el doctor León Olivares.
Por ello, los libros e instrumentos antiguos que colecciona para él han sido una buena fuente primaria para conocer la historia de la química, de la cual explica que “es un recurso didáctico y metodológico que nos permite entender la construcción del conocimiento y de las categorías fundamentales de la ciencia”.
- Felipe llegó a la historia de la química gracias a dos maestros: el doctor Andoni Garritz, arduo promotor de la historia de la química y al maestro Guillermo Aullet, que fue su director de tesis de maestría con el tema de “Los Laboratorios de Investigación Syntex”, el momento estelar de la química en México.
Momentos estelares de la química mexicana.
Los antecedentes de la química en México también están ligados al Real Seminario de Minería (1792) en donde se impartieron las primeras cátedras de física, matemáticas, química, etcétera, a la Escuela Nacional Preparatoria (1867), al Instituto Médico Nacional (1888), cuyo objetivo era analizar las plantas e investigar el principio activo para producir fármacos y al Instituto Geológico de México (1892), creado para analizar la composición química de los minerales, agua y petróleo.
En todos estos sitios se formaban recursos humanos que fueron conformando el sector industrial de nuestro país y que, posteriormente, cuando se crea la Universidad Nacional de México (1910) serán los fundadores de instituciones como la Escuela Nacional de Industrias Químicas (1916), hoy Facultad de Química de la UNAM.
“Y entonces ahora sí se empiezan a formar químicos, pero los primeros químicos en México empiezan hasta 1925. No hay químicos en este país, no hay ingenieros químicos, es hasta 1925 que aparecen los primeros con la etapa de profesionalización de la química”, relata el investigador.
El doctor Felipe León destaca que la industria química en México inició hasta la década de los 40 con dos aspectos importantes: la química del petróleo y la síntesis orgánica de esteroides. En esta época también destacó la creación de una infraestructura de investigación en la UNAM con la fundación de distintos institutos.
Narra que uno de los momentos estelares de la Química en México fue la creación de los laboratorios de investigación Syntex por el químico Russell E. Marker y los empresarios E. Somlo y F. Lehmann, en 1944, quien sintetizó esteroides (progesterona) a partir del barbasco que obtuvo en nuestro país. Esto fue un acontecimiento importante porque permitió que disminuyeran los costos de las hormonas esteroides y fueran más accesibles y baratas.
Marker sólo duró un año en Syntex, en su lugar llegó el húngaro George Rosenkranz quien continuó con la técnica establecida por Marker, y logró transformar la empresa de un laboratorio artesanal a uno preindustrial. Además, la producción de Syntex creció mucho e incluso sus exportaciones superaron lo producido en Europa y Estados Unidos.
El doctor León Olivares agrega que en aquellos años Syntex realizó un convenio con el Instituto de Química de la UNAM, en 1949, y el químico Carl Djerassi estuvo a cargo de un grupo de investigadores universitarios que incorporó a esta empresa y quienes empezaron a publicar en revistas importantes, como el Journal of American Chemical Society, el Organic Chemistry.
En Syntex también se realizó la primera síntesis de la píldora anticonceptiva a cargo de Luis Ernesto Miramontes, Carl Djerassi y George Rosenkranz:
“No ha habido otro momento donde se dé esta relación importante: industria, iniciativa privada y Estado. Esas enseñanzas históricas que tenemos son ejemplos para una política científica y tecnológica más congruente con la realidad de este país. La historia de la ciencia sirve para entender cómo México tiene oportunidades de desarrollo de primera, pero mientras no se vincule la ciencia, la educación con la iniciativa privada, la universidad y el Estado, los esfuerzos serán mínimos”.

Dos personajes, dos épocas.
“El mejor químico del siglo XIX fue Leopoldo Río de la Loza, y el mejor químico del siglo XX fue Jesús Romo Armería”, opina el doctor León Olivares.
El primero impulsó la profesionalización y enseñanza de la química en México en el siglo XIX. En sus cátedras ya utilizaba instrumentos avanzados para esa época como el kaliapparat, creado por Justus von Liebig de la Universidad de Giessen, para realizar los primeros estudios de química orgánica en aquel continente.
Ese kaliapparat que usaba en sus cátedras Río de la Loza seguramente llegó a México a través de una casa comercial que traía instrumentos científicos o a través de la antigua Secretaría de Fomento quien se encargaba traer estos equipos de otros países. Para el doctor León Olivares “esto es una muestra de lo adelantado que estaba Río de la Loza en aquellos años, quien lo utilizaba para la enseñanza tanto a los alumnos de la Escuela Nacional Preparatorio como en la Escuela Nacional de Medicina”.
Por su parte, el doctor Jesús Romo Armería fue de los pioneros del Instituto de Química de la UNAM, formó parte del grupo de investigadores que trabajaron en la época dorada de la empresa Syntex, trabajó en la química de los esteroides y contribuyó en la síntesis de la cortisona.
De la mano de estos personajes la química en México tuvo un gran impulso, ya sea durante sus primeros años o con grandes contribuciones a la ciencia mundial. Y para esta labor –enfatiza el doctor León Olivares– ha sido importante contar con libros e instrumentos que contribuyeron a la innovación y la construcción del conocimiento científico en nuestro país.
“Para contribuir al conocimiento de la historia de la química es necesario que el estudiante y el profesor tengan cultura científica, que le permita observar a su alrededor, identificar los instrumentos que han sido importantes, las obras que han contribuido a la ciencia química y entender que la construcción del conocimiento se da a partir de conocer la historia de la propia disciplina”, concluye el investigador.
Por: María Luisa Santillán.
Sitio Fuente: Ciencia UNAM