Un detector de mentiras inalámbrico podría ayudar a diagnosticar problemas de sueño infantil
CIENCIAS DE LA SALUD Y TECNOLOGÍA.
El dispositivo, flexible y no invasivo, registra varias señales fisiológicas a la vez y detecta estrés, alteraciones respiratorias y del sueño con alta precisión.
Un nuevo dispositivo de polígrafo portátil detecta las señales fisiológicas del estrés, con el objetivo de ayudar a los médicos a identificar molestias en bebés, ancianos y pacientes gravemente enfermos o sedados, que no pueden comunicarse. / Crédito: John A. Rogers/Northwestern University.
Un polígrafo inalámbrico, conocido coloquialmente como “detector de mentiras", se adhiere al pecho para diagnosticar el estrés en personas adultas y trastornos del sueño en niños y niñas. Según los investigadores, el dispositivo consigue identificar despertares, hipopnea y apnea en la población infantil.
Un equipo de Northwestern University, en Estados Unidos, ha desarrollado un polígrafo inalámbrico y adherido a la piel que mide de forma continua respiración, pulso, sudoración, flujo sanguíneo y temperatura. La tecnología, probada también en estudios de sueño pediátrico, podría convertirse en una herramienta útil para detectar problemas de sueño infantil y otros signos de malestar en pacientes que no pueden expresarse con facilidad.
De acuerdo a una nota de prensa, esta tecnología podría ayudar a detectar anomalías en bebés, personas mayores y pacientes críticos o sedados, que no pueden comunicar cómo se sienten. El estudio, publicado en la revista Science Advances, propone una alternativa más cómoda y menos invasiva que los sistemas tradicionales de monitorización psicofisiológica.
Resultados positivos y alta precisión.
El aparato combina sensores miniaturizados y envía los datos de forma inalámbrica a un teléfono móvil, reloj inteligente o tableta, donde algoritmos de aprendizaje automático analizan los patrones de estrés en tiempo real. El dispositivo, denominado SIMSS, mide 52 por 48 por 8,5 milímetros, pesa 7,8 gramos y tiene una autonomía de uso de 37 horas.
El punto más importante de la innovación está en su posible aplicación pediátrica. El proyecto nació a partir de una solicitud de pediatras del Lurie Children’s Hospital de Chicago, que buscaban una herramienta amigable y no invasiva para medir el estrés de los bebés durante su internación, sin depender de muestras de saliva o sangre. En los recién nacidos, el dolor o el malestar suelen relacionarse con llanto, expresiones faciales o movimientos, pero en ocasiones estas señales pueden ser sutiles, intermitentes o incluso estar ausentes.
En las pruebas realizadas, el dispositivo mostró resultados prometedores. La tecnología fue comparada con sistemas comerciales de polígrafo en simulaciones de preguntas sensibles, respondió a tareas cognitivas exigentes y a la inmersión de una mano de los voluntarios en agua helada, donde registró cambios coordinados en la actividad cardíaca, respiración, sudoración y temperatura.
En estudios de sueño pediátrico, además, identificó eventos clínicos como irregularidades respiratorias y despertares nocturnos con una precisión comparable a la de pruebas hospitalarias, pero con menos interrupciones para el paciente. Teniendo en cuenta que el análisis del sueño infantil sigue dependiendo muchas veces de observaciones parciales, un monitor inalámbrico de este tipo podría convertirse en una herramienta valiosa para medir aquello que el niño no puede decir.
Una muestra aún muy pequeña.
Según explica Carlos Javier Egea Santaolalla, Presidente de la Federación Española de Sociedades de Medicina del Sueño (FESMES), en una publicación de Science Media Centre, "el algoritmo de inteligencia artificial se alimenta de un vector con siete características clave extraídas en tiempo real por el dispositivo: frecuencia cardíaca (HR), variabilidad cardíaca (HRV), intensidad del sonido cardíaca (CSI), frecuencia respiratoria (RR), variabilidad respiratoria (RRV), actividad electrodérmica (EDA) y temperatura de la piel (ST)". Vale destacar que Egea Santaolalla no participó del estudio.
"Aunque el estudio científico presenta los resultados de manera muy positiva, desde una perspectiva de metodología clínica rigurosa, el principal punto crítico respecto al número de sujetos (13 niños, 17 residentes) es que el tamaño de la muestra es estadísticamente pequeño y limitado, lo que restringe la capacidad de generalizar los hallazgos a la población general", concluyó el especialista español.
A pesar de esas limitaciones, el avance sugiere que el cuerpo podría “avisar” del estrés antes de que la mente lo reconozca. Para los autores, esa capacidad podría servir no solo en hospitales, sino también en el seguimiento domiciliario, en salud mental y en la detección temprana de diferentes patologías.
Por: Pablo Javier Piacente / T21.
Sitio Fuente: Levante / Tendencias21