Hallan en Argentina un dinosaurio de 155 millones de años con una mezcla anatómica tan extraña que obliga a replantear el origen de los gigantes del Jurásico

PALEONTOLOGÍA.-

El nuevo saurópodo descubierto en la Patagonia combina características de dos linajes gigantes que hasta ahora parecían seguir caminos evolutivos separados.

Este insólito dinosaurio de 20 metros podría reescribir la historia de los gigantes del Jurásico. Recreación artística. Foto: ChatGPT-4o/Christian Pérez.

La Patagonia argentina vuelve a colocarse en el centro de la paleontología mundial. Un equipo internacional de investigadores ha identificado una nueva especie de dinosaurio saurópodo hallada en la formación Cañadón Calcáreo, en la provincia de Chubut, un yacimiento que desde hace años está revelando piezas clave para entender cómo evolucionaron algunos de los mayores animales terrestres de todos los tiempos.

El hallazgo, publicado en la revista PeerJ, parte de unos restos encontrados hace más de dos décadas en una estancia rural de la región. Lo que en un principio parecían huesos dispersos de un gran herbívoro acabó convirtiéndose en una investigación mucho más compleja. Tal y como indica el estudio liderado por Alexandra Reutter, de la Universidad Ludwig Maximilian de Múnich, los fósiles pertenecen a un animal adulto de unos 20 metros de longitud que vivió hace aproximadamente 155 millones de años, en pleno Jurásico Superior.

Los investigadores recuperaron más de treinta vértebras del cuello, espalda y cola, además de costillas y fragmentos de la pelvis. Aunque no se trata de uno de los mayores saurópodos conocidos, sus dimensiones seguían siendo colosales. Su cuerpo habría recorrido antiguos paisajes de Gondwana, el supercontinente austral que agrupaba territorios hoy separados como Sudamérica, África, India, Australia y la Antártida.

El lugar donde apareció el animal tiene una importancia especial para los científicos. Durante décadas, gran parte del conocimiento sobre los saurópodos jurásicos procedía casi exclusivamente de fósiles encontrados en Norteamérica y Europa. En el hemisferio sur apenas existían referencias comparables más allá de los célebres yacimientos de Tendaguru, en Tanzania. Por eso, cada nuevo descubrimiento en Patagonia ayuda a reconstruir un capítulo muy incompleto de la historia evolutiva de estos gigantes.

Un rompecabezas anatómico inesperado.

La sorpresa llegó cuando los paleontólogos comenzaron a estudiar con detalle las vértebras del animal. Algunas partes de su esqueleto recordaban claramente a los braquiosáuridos, el grupo de dinosaurios de cuello elevado y patas delanteras largas al que pertenece el famoso Brachiosaurus. Sin embargo, otras estructuras eran mucho más propias de los diplodócidos, la familia de animales de cuerpo alargado y cola inmensa representada por Diplodocus.

Esa combinación desconcertó a los investigadores desde el primer momento. Tal y como ha revelado el equipo en el trabajo científico, ciertas vértebras dorsales presentan rasgos que hasta ahora se consideraban característicos de diplodócidos norteamericanos. Al mismo tiempo, otras partes del esqueleto muestran similitudes con Giraffatitan, el gigantesco saurópodo africano descubierto en Tanzania.

Durante años, los paleontólogos habían interpretado algunos huesos aislados de este mismo yacimiento argentino como posibles restos de diplodócidos. El nuevo descubrimiento obliga ahora a replantear parte de esas clasificaciones y sugiere que la diversidad de saurópodos del Jurásico pudo ser mucho más compleja de lo que se creía.

Los análisis filogenéticos realizados por los autores sitúan al nuevo dinosaurio dentro de Macronaria, el gran grupo de saurópodos que millones de años después daría lugar a algunos de los herbívoros más monumentales del planeta. Varias de las pruebas apuntan incluso a una posible relación con los braquiosáuridos.

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Extracción de los fósiles de Bicharracosaurus dionidei. Foto: Pablo Puerta

"Este hallazgo demuestra que los gigantes del Jurásico en el hemisferio sur eran mucho más diversos de lo que imaginábamos hasta ahora".

El dinosaurio que podría cambiar la historia del Jurásico sudamericano.

Ese detalle convierte el hallazgo en especialmente relevante. Si la clasificación propuesta se confirma, este animal sería el primer braquiosáurido identificado en el Jurásico de Sudamérica. Hasta ahora, los registros de este linaje en el continente eran extremadamente ambiguos o fragmentarios.

El nuevo dinosaurio ha sido bautizado como Bicharracosaurus dionidei. El nombre del género procede de “bicharraco”, una expresión coloquial utilizada en español para referirse a un animal enorme. La especie honra a Dionide Mesa, el pastor que encontró originalmente los fósiles en su finca y alertó a los especialistas.

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Más allá de su nombre, el fósil tiene implicaciones importantes para comprender cómo se diversificaron los saurópodos en Gondwana. Según destacan los autores, muchos dinosaurios jurásicos del hemisferio sur muestran posiciones evolutivas difíciles de encajar. Algunos comparten rasgos de grupos distintos, mientras que otros aparecen clasificados de formas contradictorias dependiendo del método de análisis utilizado.

Precisamente por eso, Bicharracosaurus podría convertirse en una pieza clave para entender un periodo todavía lleno de lagunas. La Patagonia jurásica parece haber sido un auténtico laboratorio evolutivo donde convivieron formas muy distintas de saurópodos gigantes.

El estudio también aporta información sobre la edad del ejemplar. Los análisis histológicos de las costillas muestran señales de crecimiento detenido y remodelación ósea propias de un individuo completamente desarrollado. En otras palabras: el animal había alcanzado la madurez cuando murió.

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La paleontóloga Alexandra Reutter estudia los restos del gigantesco Bicharracosaurus en Patagonia. Foto: Amalia Villafañe

"La rareza de este dinosaurio no está en su tamaño, sino en la inesperada combinación de características que presenta".

Un gigante que aún guarda secretos.

Aunque el esqueleto recuperado es notablemente completo para tratarse de un saurópodo jurásico, los investigadores creen que todavía quedan partes del animal por descubrir en el yacimiento. La ausencia del cráneo, por ejemplo, impide conocer detalles esenciales sobre su alimentación o la forma exacta de la cabeza.

La excavación comenzó oficialmente en 2002, pero algunas vértebras adicionales no fueron recuperadas hasta 2018. Desde entonces, el material ha sido preparado y estudiado en el Museo Paleontológico Egidio Feruglio, en Trelew, una de las instituciones más importantes de Sudamérica en investigación sobre dinosaurios.

Lo que hace especialmente valioso este descubrimiento no es solo el tamaño del animal, sino la información que aporta sobre una etapa todavía poco conocida de la evolución de los saurópodos. El Jurásico tardío del hemisferio sur continúa siendo un territorio lleno de preguntas abiertas, y Bicharracosaurus dionidei acaba de añadir una de las piezas más intrigantes del puzzle.

Por: Christian Pérez. Redactor especializado en divulgación científica e histórica.

Sitio Fuente: MuyInteresante