Entender el cerebro es entendernos a nosotros mismos: Herminia Pasantes, neurocientífica
NEUROCIENCIAS.
La destacada investigadora nos revela la naturaleza cambiante del órgano que nos hace humanos.
El cerebro humano no es una estructura fija, sino un sistema dinámico que se transforma a lo largo de toda la vida. Desde su formación en etapas tempranas del desarrollo hasta los cambios que ocurren en la vejez, este órgano extraordinario sostiene lo que somos: nuestros pensamientos, emociones y decisiones.
Conversamos con la doctora Herminia Pasantes, pionera mexicana en neurociencias. Nos revela hallazgos en torno a cómo se construye y evoluciona el cerebro humano, un tema fascinante que la investigadora emérita del Instituto de Fisiología de la UNAM desarrolla como autora de su más reciente libro de divulgación.
Luego de cursar la carrera de biología en la Facultad de Ciencias de la UNAM, la maestría en bioquímica, el doctorado en Ciencias en el extranjero y con una trayectoria de más de 50 años como investigadora en el Instituto de Fisiología Celular ¿Por qué estudiar el cerebro?
El cerebro es un órgano fascinante. Es el que sostiene todo: nuestros pensamientos, emociones, recuerdos y decisiones; en una palabra, es lo que nos hace humanos y nos diferencia de otros animales.
En particular, el lóbulo frontal es clave. Fue una de las últimas regiones en aparecer durante la evolución y también de las últimas en desarrollarse durante la vida embrionaria. En esta estructura se concentran muchas de las funciones que asociamos con la esencia de lo humano, como la toma de decisiones, el control de impulsos y la planeación.
Por otro lado, hablar del cerebro es hablar de las neuronas, nuestras células especializadas del sistema nervioso que hacen posible su funcionamiento. Sin embargo, una neurona por sí sola no piensa; es apenas una célula. Es la comunicación entre millones de neuronas lo que permite desde actos básicos, como respirar o caminar, hasta procesos complejos como el lenguaje, la memoria o la resolución de problemas matemáticos. De esa interacción emerge lo que reconocemos como mente.
Por ello, estudiar cómo se comunican las neuronas es fundamental para comprender tanto el funcionamiento normal del cerebro como las enfermedades que lo afectan.

Una vía hacia el entendimiento de la complejidad de este órgano es explorar su origen ¿cómo se va formando el cerebro en el vientre materno?
El cerebro comienza a organizarse desde etapas muy tempranas del desarrollo embrionario. En ese momento se construye un “cableado cerebral” único para cada individuo, tan irrepetible como una huella digital.
En esta fase se forman los circuitos básicos que organizan el funcionamiento general del cerebro y garantizan la supervivencia, ya que controlan procesos fundamentales como la respiración, el ritmo cardiaco y el ciclo de sueño y vigilia, así como reflejos primarios indispensables, como la succión.
Los circuitos no están completamente terminados al nacer, pero constituyen la base estructural sobre la cual el cerebro continuará desarrollándose. Podría decirse que este cableado inicial funciona como el “hardware” cerebral.
Este cableado inicial influye en ciertas características del individuo, como el temperamento, algunos rasgos de personalidad y las aptitudes particulares de cada persona.
¿Qué sucede durante la infancia?
A partir del nacimiento y a lo largo de la infancia, el cerebro se expone a una enorme cantidad de estímulos —sensoriales, cognitivos, emocionales y motores— provenientes del entorno. Estos estímulos pueden entenderse como los “programas” o el “software” que, gracias a la extraordinaria plasticidad del cerebro infantil, se integran sobre la estructura inicial y la transforman.
Aunque una persona puede nacer con ciertas predisposiciones o capacidades, su desarrollo depende en gran medida del entorno. Si crece en un ambiente con escasos estímulos, muchas de esas capacidades pueden no desarrollarse plenamente y su potencial puede verse limitado.
Estos “programas” son distintos para cada persona. Su interacción con el cableado cerebral hace que cada cerebro sea aún más singular y, en consecuencia, que cada individuo sea único.
La infancia es un periodo de enorme plasticidad cerebral, en el que las conexiones neuronales se multiplican y se fortalecen en respuesta a la experiencia, el aprendizaje y la interacción con el entorno.
Una etapa clave del ser humano es la adolescencia ¿Qué ocurre en el cerebro durante esa fase de la vida?
Durante la adolescencia, el cerebro atraviesa una etapa de reorganización profunda. Podría decirse que “afina” sus conexiones; fortalece aquellas que se utilizan con mayor frecuencia y elimina las que no son necesarias. Sin embargo, en esta etapa el cerebro aún no ha alcanzado su madurez completa; en muchos casos, este proceso se extiende más allá de los 21 años.
¿Qué implica la falta de madurez?
Implica que funciones clave del cerebro aún están en desarrollo, especialmente en el lóbulo frontal. Esta región —en particular la corteza prefrontal— es fundamental para la toma de decisiones, el control de impulsos y la evaluación de riesgos.
Por ello, durante la adolescencia es común una percepción limitada del riesgo, mayor impulsividad y una tendencia a buscar gratificación inmediata. También es más difícil anticipar las consecuencias de las acciones, lo que puede llevar a conductas poco cuidadosas.
Al mismo tiempo, esta etapa se caracteriza por la búsqueda de nuevas experiencias y por cambios emocionales intensos, propios de un cerebro que aún está en proceso de maduración.
¿Qué significa tener un cerebro maduro a nivel neuronal?
Durante la maduración del cerebro se lleva a cabo un proceso de refinamiento: se reducen algunas conexiones neuronales, mientras que otras se fortalecen, lo que incrementa la eficiencia de las redes cerebrales.
¿Qué pasa en la adultez? ¿El proceso de maduración se termina?.
La adultez es una etapa de definición, en la que las personas construyen su proyecto de vida y deciden cómo quieren ser y cómo desean vivir.
En esa etapa, el cerebro alcanza un funcionamiento más estable. Las redes neuronales están mejor organizadas, lo que permite pensar con mayor claridad, regular mejor las emociones y tomar decisiones más complejas.
Sin embargo, aunque es más estable, el cerebro no deja de cambiar. Los estímulos del entorno continúan modificando las conexiones neuronales, lo que conocemos como plasticidad cerebral. El cerebro es una estructura dinámica que se transforma continuamente a lo largo de la vida.
En la adultez pueden presentarse desafíos emocionales que, en algunos casos, derivan en condiciones como el estrés, la ansiedad o la depresión. En el cerebro siempre están en interacción procesos relacionados con emociones positivas y negativas, y el equilibrio entre ellas depende en gran medida de cada individuo.
¿Qué sucede en la vejez?
La vejez es una etapa normal del ciclo de vida, y cada persona la vive de manera distinta, aunque existen algunas características comunes.
Una de las más frecuentes es el deterioro de la memoria a corto plazo. También pueden presentarse dificultades para resolver problemas cotidianos, mantener la concentración y expresarse con fluidez, además de una mayor tendencia a la ansiedad.
A nivel biológico, en la vejez se observa una disminución en las conexiones neuronales, lo que afecta la eficiencia de las redes cerebrales. Esto ocurre especialmente en el lóbulo frontal, una región clave para el pensamiento y la memoria.
Sin embargo, la plasticidad cerebral permite seguir aprendiendo, adquirir nuevas habilidades y adaptarse a distintos retos. Aunque algunos procesos pueden volverse más lentos, la experiencia y el conocimiento acumulado fortalecen capacidades como el juicio, la reflexión y la toma de decisiones.

Cuidar nuestro cerebro.
Para mantener una buena calidad de vida es fundamental favorecer la oxigenación cerebral mediante actividad física, una alimentación adecuada y el contacto con aire limpio, así como mantenerse activo intelectualmente, para así forzar la neuroplasticidad. Además, la interacción social es fundamental, porque el cerebro humano está diseñado para relacionarse con otros. A lo largo de la vida, el contacto social estimula procesos cognitivos y emocionales clave que ayudan a mantener el cerebro activo y saludable.
Cuando convivimos, conversamos o colaboramos con otras personas, activamos redes neuronales vinculadas con el lenguaje, la memoria, la empatía y la toma de decisiones. Estas interacciones fortalecen las conexiones neuronales y favorecen la plasticidad cerebral.
En cambio, el aislamiento y la soledad pueden tener efectos negativos. Se asocian con mayor estrés, ansiedad y depresión, lo que impacta directamente en el funcionamiento del cerebro. Además, la falta de estimulación social puede contribuir al deterioro cognitivo, afectando habilidades como la memoria y la atención.
Por eso, mantener vínculos sociales —familiares, amistosos o comunitarios— no solo mejora el bienestar emocional, sino que también protege la salud cerebral a lo largo del tiempo.
La doctora Herminia nos ha compartido que desde joven fue una persona curiosa y poco convencional, que tiene buenos recuerdos de sus profesoras de biología, quienes despertaron su interés en este campo. A lo largo de su labor como investigadora en neurociencias ha sido reconocida con varios premios ¿Qué enseñanza le ha dejado el estudio del cerebro?
Que el cerebro no es una estructura fija, sino dinámica. Se transforma continuamente a lo largo de toda la vida. Entenderlo es, en realidad, entendernos a nosotros mismos.
Por: Consuelo Doddoli.
Sitio Fuente: Ciencia UNAM