El pequeño pájaro que acaba de explicar por qué tu cerebro se niega a regenerarse

CIENCIA Y SOCIEDAD.-

Un estudio en pinzones cebra muestra que las nuevas neuronas adultas se abren paso “a machetazos” a través del tejido cerebral maduro.

Un pequeño pájaro da las primeras pistas sobre cómo podrían tratarse en humanos enfermedades como el Alzheimer o el Parkinson en el futuro. / PLOS Biology. Creative Commons Attribution 2.5 Generic.

La próxima vez que veas un pajarito cantando en un árbol, míralo con respeto. En esa cabecita diminuta podría esconderse el secreto del futuro de la neurología humana.

Llevamos décadas haciéndonos la misma pregunta. Si te rompes un hueso, se suelda. Si te cortas la piel, cicatriza. Gran parte de tu cuerpo es una máquina fascinante de reparación continua. Sin embargo, si sufres un daño en el cerebro, un ictus o una enfermedad como el alzhéimer, tu materia gris levanta las manos y se rinde. Las neuronas perdidas, perdidas se quedan. ¿Por qué el cerebro humano es tan malo reparándose a sí mismo?

La respuesta podría estar volando ahora mismo en una jaula de laboratorio.

Un equipo de neurocientíficos de la Universidad de Boston acaba de publicar en Current Biology un hallazgo que le da la vuelta a lo que creíamos saber sobre la regeneración cerebral. Y los protagonistas son unos pájaros minúsculos: los pinzones cebra.

Estas aves canoras tienen un superpoder que a los humanos nos da muchísima envidia. Son capaces de fabricar neuronas nuevas durante su etapa adulta e integrarlas en su cerebro como si nada. Lo necesitan para seguir aprendiendo y modificando sus cantos. Pero lo que ha dejado a los científicos con la boca abierta no es que lo hagan, sino cómo lo hacen.

Neuronas con actitud de excavadora.

Hasta ahora, pensábamos que para que una neurona nueva llegara a su sitio en el cerebro necesitaba una especie de "autopista" celular que la guiara. Esas autopistas existen cuando somos embriones, pero desaparecen al crecer. Sin autopistas, no hay viaje. Misterio resuelto, ¿no?

Pues no. Al observar el cerebro de estos pájaros con microscopios de resolución extrema, los investigadores vieron que las nuevas neuronas son, básicamente, unas exploradoras salvajes. No necesitan caminos.

Literamente, se abren paso a empujones a través del tejido cerebral maduro. Funcionan como excavadoras orgánicas: apartan conexiones existentes, deforman estructuras y se abren hueco a la fuerza hasta llegar al circuito donde quieren instalarse. Ben Scott, el investigador principal del estudio, lo compara con "exploradores abriéndose camino a machetazos por una jungla densa".

El alto precio de la "reforma" cerebral.

Aquí es donde la historia de los pájaros impacta de lleno en tu cabeza.

Ver cómo estas neuronas perforan el tejido ha hecho que los científicos se planteen ¿y si el cerebro humano no fabrica neuronas nuevas no porque no pueda, sino porque sería un desastre si lo hiciera?

Meter una neurona nueva a la fuerza en un circuito cerebral que ya funciona es como meter a un albañil a tirar tabiques en una casa donde ya vive gente. Genera caos. En un pájaro que solo necesita afinar su canto, quizá el caos compense. Pero tu cerebro humano es una catedral de conexiones hiperdelicadas que sostienen algo mucho más frágil: quién eres.

Tus recuerdos de la infancia, tu capacidad para hablar, tu personalidad y tus conocimientos dependen de que esas redes neuronales se mantengan extremadamente estables. Si tu cerebro permitiera que miles de neuronas nuevas entraran a empujones todos los días rompiendo y rehaciendo conexiones, tu memoria y tu identidad estarían en peligro constante.

La evolución, sospechan los investigadores, nos obligó a elegir. Para tener una memoria compleja y estable a largo plazo, tuvimos que apagar la fábrica de neuronas. Pagamos el precio de no poder regenerarnos tras una lesión a cambio de no olvidar quiénes somos.

¿Se puede hackear el sistema?

Este descubrimiento no nos da una cura mágica para el párkinson o la demencia la semana que viene. Pero cambia por completo las reglas del juego.

Si sabemos que las neuronas pueden moverse por sí solas abriéndose paso en un cerebro adulto sin necesitar las "autopistas" embrionarias, la puerta a futuras terapias se abre de par en par. El equipo de Boston ya está analizando el ADN de estas células para descubrir qué genes exactos les permiten hacer de excavadoras.

Si algún día logramos entender ese mecanismo molecular, quizá podamos diseñar células madre que reparen el tejido dañado en humanos. Sería cuestión de encender el motor de regeneración solo donde hace falta, sin poner en riesgo la "casa" que ya tenemos construida.

Por: Redacción T21.

Sitio Fuente: Levante / Tendencias21