España está en el epicentro continental del calentamiento global, advierte The Lancet
CIENCIAS DE LA TIERRA / CALENTAMIENTO GLOBAL.
Pese a ser uno de los territorios europeos más estudiados por la ciencia climática, el archipiélago canario registra una de las mayores caídas de horas laborales por las altas temperaturas.
Mapa de temperaturas de Europa en 2023, donde destacan los países del Mediterráneo como los más afectados por el calor extremo. / Archivo.
Las enfermedades tropicales llaman a las puertas del Mediterráneo, las sequías encogen la cosecha y el bolsillo… y los políticos hablan de otra cosa, denuncia el informe europeo del Lancet Countdown 2026, Elaborado por 65 científicos de 46 instituciones, advierte: el margen de maniobra para tomar medidas significativas centradas en la salud se está reduciendo a medida que se intensifican los impactos del cambio climático.
El verano de 2024 fue el más caluroso jamás registrado en Europa y el detonador de una crisis sanitaria: 62.775 personas murieron en el viejo continente a causa del calor. Y los modelos más conservadores proyectan que esta cifra se disparará por encima del 100% para 2050, superando con creces los beneficios que pueda traer la reducción de muertes por frío, según el informe europeo del Lancet Countdown 2026, publicado el 21 de abril.
Las poblaciones más vulnerables —bebés menores de un año y mayores de 65— acumularon en 2024 el equivalente a 2.300 millones de días bajo temperaturas extremas. Para entender lo que significa esta cifra astronómica a nivel humano: cada persona mayor en el Este de Europa tuvo que soportar, de media, casi 35 días de ola de calor asfixiante en un solo verano. Dicho de otra forma: si tomáramos a todos los bebés y a todas las personas mayores de Europa, y sumáramos cada uno de los días que pasaron bajo una alerta de calor extremo en 2024, alcanzaríamos la escalofriante cifra de 2.300 millones de días. Es más del doble de lo que esta misma población vulnerable sufría en la década de los noventa.
El calor no solo mata directamente. Imposibilita la actividad física —esa que los médicos recetan para prevenir enfermedades crónicas—. En 2024, los europeos enfrentaron un récord histórico de 182 horas anuales de riesgo moderado o alto de enfermedad por calor durante actividades tan básicas como caminar. En Europa occidental, las horas de riesgo durante actividad física moderada han aumentado un 78% respecto a los años noventa.
Y mientras esto ocurre, los sistemas de alerta temprana —esos que en teoría deberían salvar vidas— emiten cada vez más avisos de nivel extremo. Entre 2015 y 2024, los días de alerta extrema aumentaron un 316% en el sur de Europa, un 450% en el oeste, un 198% en el este y un 238% en el norte. Cuatro veces más emergencias. En todas partes.

Datos clave del informe Lancet Countdown 2026. / IA/T21.
España: en el epicentro del problema.
El informe no escatima en detalles sobre la situación española: Canarias figura como una de las regiones de Europa con la mayor disminución estimada de horas de trabajo, junto con Chipre y la región de Ática en Grecia. El calor ya es también un problema económico de primer orden. En el sur de Europa en general, el crecimiento del PIB per cápita fue un 0,99% menor en 2021 por culpa de las anomalías de temperatura positivas, un impacto casi diez veces mayor que la reducción del 0,106% registrada en 2001.
España es además el foco principal del 11% de los estudios científicos que se realizan en Europa sobre clima y salud, compartiendo el segundo puesto con Italia, solo por detrás del Reino Unido (20%). Instituciones españolas como ISGlobal (Barcelona) o la Universitat Pompeu Fabra lideran parte de esta red de conocimiento europeo.
En cuanto a los alérgenos, el informe señala que la concentración de polen de olivo está aumentando sobre Turquía y en áreas aisladas del sur de España, con temporadas que empiezan entre una y dos semanas antes que hace treinta años. Para millones de asmáticos y alérgicos, la primavera ya no es lo que era.
Las garrapatas Hyalomma —adaptadas al calor seco, vectores de la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo— están alargando su temporada de actividad un 119% en el sur de Europa. España, con su clima mediterráneo, es terreno de expansión natural para este parásito.
Enfermedades que vuelven del pasado.
El informe dedica una atención especial a la expansión de enfermedades infecciosas que muchos europeos consideraban erradicadas o ajenas a su mundo.
El virus del Nilo Occidental reportó 1.112 casos en Europa en 2025 —por encima de la media de la última década— y sus tendencias de riesgo llevan aumentando desde 1951. El sur de Europa, donde el clima favorece al mosquito transmisor, concentra parte de ese incremento.
La leishmaniasis visceral —transmitida por la picadura de un mosquito de arena— es endémica del sur de Europa, y la suitabilidad climática para su expansión sigue creciendo. La España mediterránea lleva años siendo zona de vigilancia.
El dengue registró un aumento del riesgo del 297% en toda Europa en la última década respecto a 1981, con la mayor parte de los brotes locales concentrados en Francia, pero con una tendencia que avanza hacia la península ibérica conforme el mosquito Aedes albopictus consolida su presencia.
Para la malaria —erradicada en Europa hace décadas— la idoneidad climática para Plasmodium falciparum aumentó un 266% en el sur de Europa en el periodo 2015-2024. No hay casos autóctonos significativos hoy, pero el reloj corre.
La sequía que nadie ve.
El 65% de las regiones europeas ha sufrido sequías extremas o excepcionales en la última década, y el 68% ha visto aumentar la duración de esos episodios. La península ibérica, donde la sequía es ya un telón de fondo permanente, está entre las zonas más afectadas.
El informe vincula directamente las olas de calor y la sequía con la inseguridad alimentaria: en 2023, un millón más de europeos experimentaron insatisfacción alimentaria moderada o grave como consecuencia directa del clima. Cada día adicional de ola de calor aumenta el riesgo de inseguridad alimentaria en un 1,05 punto porcentual. Los más golpeados, siempre, son los de menores ingresos.
Europa avanza, pero demasiado lento.
El informe reconoce, no obstante, avances reales: la inversión en energía limpia superó en un 461% al gasto en combustibles fósiles en 2024, las muertes por contaminación del sector eléctrico cayeron un 84% en la UE desde 2000, y la energía renovable ya cubre casi la mitad de la electricidad europea.
Pero los números exigen honestidad: para cumplir los objetivos climáticos de 2030, las energías renovables deben casi duplicar su cuota actual. El transporte —el único sector que sigue emitiendo más que en 1990— continúa dominado en un 95% por los combustibles fósiles. Y los gobiernos europeos, paradójicamente, aprobaron 365.000 millones de euros netos en subvenciones a los combustibles fósiles en 2023, más del sextuple de los ingresos por precio del carbono.
Hay otro dato que duele especialmente: de los 1,397 billones de euros en financiación climática aprobados por donantes europeos entre 2020 y 2022, solo el 0,07% —97 millones— fue a parar a adaptación del sector sanitario. Los sistemas de salud que más necesitan prepararse para el futuro son los que menos dinero reciben para hacerlo, advierte el informe.
El silencio político que agrava la crisis.
Quizás el hallazgo más inquietante del informe es claramente político: el compromiso social con la conexión entre clima y salud está disminuyendo.
En el Parlamento Europeo, solo 21 de los 4.477 discursos pronunciados en 2024 mencionaron la intersección entre cambio climático y salud, una caída dramática respecto al pico de 91 discursos en 2021. Los jefes de Estado y de Gobierno europeos publicaron sobre esta conexión solo 36 veces en tres años en sus redes sociales (el 0,05% de todos sus mensajes analizados).
El público tampoco conecta los puntos: aunque la salud es la primera preocupación ciudadana en Europa desde 2016, solo el 1,2% de los europeos identifica simultáneamente la salud y el clima como prioridades nacionales. Dos crisis íntimamente unidas que la mayoría contempla como si fueran planetas distintos.
La litigación climática es, curiosamente, el espacio donde la conexión salud-clima más ha avanzado: más de 11.252 referencias a la salud aparecen en documentos de casos judiciales europeos desde 2011, con una mención creciente a la salud mental —tansiedad climática, especialmente en casos protagonizados por jóvenes— como argumento jurídico legítimo.
Por: Eduardo Martínez de la Fe / T21.
Sitio Fuente: Levante / Tendencias21