Científicos reconstruyen el pasado del mar Negro y descubren que alcanzó niveles inesperados hace 69.000 años y se conectó con el mar Caspio durante la última glaciación
CIENCIAS DE LA TIERRA.
Durante décadas, el mar Negro fue interpretado como un sistema relativamente cerrado durante las fases glaciales.
Sin embargo, nuevas investigaciones están obligando a reescribir esa historia con matices mucho más complejos y dinámicos.
Durante décadas se creyó aislado, pero un estudio revela que el mar Negro se conectó con el mar Caspio hace 69.000 años. Foto: NASA/Wikimedia.
Lejos de ser un simple lago interior durante los periodos fríos del Pleistoceno, el mar Negro experimentó episodios de conexión con otros grandes sistemas acuáticos, como el Mediterráneo y el mar Caspio. Así lo ha revelado un estudio internacional liderado por el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH), cuyos resultados han sido publicados recientemente en una de las revistas científicas más prestigiosas del ámbito geológico.
La investigación, tal y como ha adelantado el equipo científico, se ha centrado en un enclave clave: la península de Sinop, en la actual Turquía. En concreto, los investigadores han analizado una serie de terrazas costeras elevadas cerca de la localidad de Gerze, que funcionan como auténticos archivos naturales del pasado. Estas formaciones, esculpidas por antiguos niveles marinos, permiten reconstruir cómo variaron las aguas del mar Negro a lo largo de miles de años.
El hallazgo no es menor. Gracias a una combinación de técnicas avanzadas —desde la luminiscencia estimulada ópticamente hasta análisis isotópicos y estudios de fauna fósil—, los científicos han podido identificar tres grandes episodios en los que el nivel del mar Negro fue significativamente más alto de lo que se creía durante la última glaciación.
Tres momentos clave que cambian la historia del mar Negro.
Los datos obtenidos por el equipo dibujan un escenario sorprendente. El mar Negro no solo subió de nivel en varias ocasiones, sino que lo hizo en momentos concretos que coinciden con cambios climáticos globales.
El primer episodio se sitúa entre hace aproximadamente 105.000 y 95.000 años. El segundo tuvo lugar entre 85.000 y 69.000 años, mientras que el tercero se produjo entre 45.000 y 35.000 años antes del presente. Estos periodos han quedado registrados en una especie de “escalera geológica” formada por tres terrazas bien diferenciadas.
Lo interesante, tal y como indica el estudio, no es únicamente la existencia de estos niveles altos, sino lo que implican. Cada una de estas fases parece estar asociada a distintas conexiones hidrológicas. En algunos momentos, el mar Negro recibió aguas del Mediterráneo; en otros, del mar Caspio.
Esta alternancia sugiere que el sistema no respondía de forma uniforme a los cambios globales del nivel del mar, sino que dependía de umbrales geográficos clave, como el estrecho del Bósforo, que actuaban como compuertas naturales.
El resultado es un panorama mucho más dinámico de lo que se pensaba hasta ahora. El mar Negro no era un sistema aislado, sino un nodo dentro de una compleja red de intercambios de agua entre grandes cuencas continentales.
Costa de Gerze, en el sector oriental de la península de Sinop, una de las zonas clave analizadas en el estudio. Foto: Quaternary Science Reviews (2026)
El papel oculto del deshielo en Eurasia.
Uno de los aspectos más reveladores del estudio es la relación entre estos episodios de niveles altos y la evolución de las grandes masas de hielo en Eurasia.
Los periodos en los que el mar Negro alcanzó cotas elevadas coinciden con fases de retroceso de la capa de hielo euroasiática. Este detalle no es casual. El deshielo masivo habría liberado enormes volúmenes de agua dulce que terminaron alimentando el sistema del mar Negro.
Este aporte adicional habría sido suficiente para elevar el nivel del mar incluso en momentos en los que, a escala global, los océanos estaban más bajos debido a la acumulación de hielo en los polos.
En otras palabras, el comportamiento del mar Negro no puede explicarse únicamente a partir de las curvas globales del nivel del mar. Es necesario tener en cuenta factores regionales, como la hidrología continental y las conexiones intermitentes entre cuencas.
Este enfoque, más complejo pero también más preciso, permite entender mejor cómo funcionaban los sistemas naturales durante las transiciones entre periodos glaciales e interglaciales.
Un sistema interconectado que desafía las teorías clásicas.
Durante mucho tiempo, los modelos científicos asumieron que el mar Negro seguía de forma relativamente pasiva las variaciones globales del nivel del mar. Sin embargo, este nuevo estudio desmonta esa visión simplificada.
Las evidencias recogidas en las terrazas de Sinop muestran que el mar Negro podía comportarse de manera independiente, con oscilaciones propias condicionadas por su posición geográfica y sus conexiones con otras cuencas.
Uno de los hallazgos más llamativos es la evidencia directa de una incursión de aguas del mar Caspio en el mar Negro hace unos 69.000 años. Este fenómeno, hasta ahora difícil de demostrar en registros costeros, aporta una pieza clave para entender la evolución del sistema Ponto-Caspiano.
Además, los análisis de moluscos fósiles y de isótopos de estroncio han permitido diferenciar claramente las fases en las que predominaba la influencia mediterránea de aquellas en las que el aporte procedía del Caspio.
Especies de bivalvos identificadas en el yacimiento GRZ-01. Foto: Quaternary Science Reviews (2026)
Más allá de la geología: claves para entender el clima del pasado.
Aunque a primera vista pueda parecer un estudio puramente geológico, sus implicaciones van mucho más allá. Comprender cómo funcionaban estos sistemas en el pasado es fundamental para interpretar los cambios climáticos actuales.
El mar Negro actúa como un laboratorio natural donde observar cómo responden las cuencas semi-aisladas a variaciones en el clima, el nivel del mar y las conexiones hidrológicas. Y lo que muestran estos datos es que las respuestas pueden ser mucho más complejas de lo esperado.
Tal y como ha destacado el equipo investigador, este trabajo proporciona un marco sólido para entender las dinámicas hidroclimáticas de Eurasia durante el Pleistoceno tardío. Pero también plantea nuevas preguntas.
¿Cómo afectaron estos cambios a las poblaciones humanas que habitaban las regiones circundantes? ¿Qué papel jugaron en la dispersión de especies? ¿Podrían estos episodios haber influido en rutas migratorias o en el desarrollo de ecosistemas?
Son cuestiones que, por ahora, quedan abiertas, pero que subrayan la importancia de seguir investigando en este campo. Lo que está claro es que el mar Negro, lejos de ser un simple testigo pasivo de la historia climática, fue un actor activo en un sistema complejo de interacciones que todavía estamos empezando a comprender.
Por: Christian Pérez. Redactor especializado en divulgación científica e histórica.
Sitio Fuente: MuyInteresante