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Un experimento revela algo inesperado: los mapaches siguen resolviendo puzzles por curiosidad incluso cuando ya no hay comida

CIENCIAS DE LA VIDA / ZOOLOGÍA / INTELIGENCIA ANIMAL.-

Investigadores descubrieron que los mapaches continúan manipulando complejos mecanismos incluso después de haber obtenido la única recompensa, un comportamiento que podría explicar su extraordinario éxito en las ciudades.

Un estudio revela que los mapaches resuelven puzzles simplemente por curiosidad. Recreación artística. Foto: ChatGPT-4o/Christian Pérez.

Durante décadas, los mapaches han sido protagonistas de historias urbanas casi legendarias. Son famosos por abrir cubos de basura, manipular cierres complejos e incluso colarse en lugares aparentemente inaccesibles. Pero una nueva investigación científica sugiere que detrás de esa reputación hay algo más que oportunismo alimentario: una auténtica curiosidad por aprender.

Un estudio reciente publicado en la revista científica Animal Behaviour ha descubierto que los mapaches no solo resuelven problemas para obtener comida. De hecho, continúan resolviendo puzzles incluso cuando la recompensa ya ha desaparecido, un comportamiento que sugiere que estos animales buscan activamente información sobre su entorno. Tal y como revela el trabajo liderado por investigadores de la Universidad de British Columbia, los mapaches podrían estar motivados por algo parecido a lo que en humanos llamaríamos curiosidad.

Un experimento con nueve formas de abrir una caja.

Para investigar este comportamiento, el equipo diseñó un experimento ingenioso. Construyeron una caja transparente con múltiples mecanismos de apertura. Este dispositivo ofrecía nueve posibles soluciones para acceder a la comida que había dentro.

Cada mecanismo tenía una dificultad distinta. Algunos eran simples puertas o pestillos que se podían abrir con un solo movimiento. Otros requerían varios pasos, como manipular cierres, deslizar piezas o girar mecanismos. Los investigadores clasificaron estas soluciones en tres niveles: fácil, medio y difícil.

En cada prueba se colocaba un único premio alimenticio en el interior de la caja —normalmente un trozo de comida especialmente atractivo para los animales—. Los mapaches tenían unos 20 minutos para interactuar con el dispositivo.

Lo sorprendente fue lo que ocurrió después.

Una vez obtenida la comida, los animales seguían intentando abrir otros mecanismos de la caja, incluso cuando ya no había recompensa. Según describe el propio estudio, los animales invierten tiempo y energía en aprender cómo funciona su entorno, aunque eso no tenga un beneficio inmediato.

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Lo que comenzó como un simple experimento con comida escondida terminó revelando una sorprendente capacidad cognitiva. Foto: Istock.

Curiosidad con estrategia.

El experimento no solo demostró que los mapaches siguen explorando después de conseguir comida. También reveló algo más sofisticado: adaptan su estrategia según la dificultad del problema.

Cuando los mecanismos eran fáciles, los animales exploraban más. Probaban diferentes aperturas, cambiaban el orden de las soluciones y manipulaban múltiples partes de la caja durante la misma sesión.

Sin embargo, cuando los mecanismos se volvían más complejos, el comportamiento cambiaba. En esos casos los mapaches tendían a repetir la solución que ya sabían que funcionaba, reduciendo el número de intentos alternativos.

Este patrón encaja con un fenómeno muy conocido en biología del comportamiento: el equilibrio entre exploración y explotación. Los animales deben decidir constantemente si probar algo nuevo (explorar) o aprovechar lo que ya saben que funciona (explotar).

Tal y como indica el estudio, los mapaches parecen evaluar el coste del esfuerzo antes de decidir. Si la tarea es fácil, vale la pena experimentar. Si el problema exige más tiempo o energía, prefieren ir a lo seguro.

Un experimento con animales muy particulares.

El estudio se realizó con 16 mapaches adultos alojados en un centro de investigación en Colorado. Antes de comenzar los experimentos con la caja de puzzles, los científicos realizaron pruebas de preferencias alimentarias para identificar qué comida motivaba más a cada animal.

Después, los mapaches participaron en hasta 50 ensayos experimentales repartidos en varias noches. Las pruebas se realizaban durante la noche, que es el periodo en el que estos animales están más activos. El dispositivo siempre contenía una sola recompensa por ensayo. Sin embargo, los animales podían seguir manipulando la caja después de obtenerla.

Ese detalle resultó clave. Permitir que las soluciones siguieran disponibles incluso después de ser descubiertas permitió observar si los mapaches continuarían explorando por iniciativa propia. Y lo hicieron.

Cerebros preparados para resolver problemas.

La curiosidad de los mapaches no es una sorpresa total para los científicos. Investigaciones anteriores ya habían señalado que esta especie posee una notable densidad neuronal en su cerebro, comparable en algunos aspectos a la de primates.

Además, sus características físicas también favorecen el aprendizaje manipulativo. Sus patas delanteras tienen gran sensibilidad táctil, lo que les permite explorar objetos con precisión. Este rasgo evolucionó originalmente para buscar comida en ríos y humedales, pero también resulta extremadamente útil para manipular mecanismos artificiales.

La combinación de destreza manual, memoria y flexibilidad cognitiva convierte a los mapaches en solucionadores de problemas muy eficaces.

Una ventaja para vivir en ciudades.

Los resultados también ayudan a explicar por qué los mapaches se han convertido en una de las especies más exitosas en entornos urbanos.

Las ciudades presentan un mosaico de oportunidades y obstáculos: contenedores cerrados, envases, puertas, bolsas, trampas o recipientes con comida. Los animales que pueden aprender rápidamente cómo funcionan estos objetos tienen una enorme ventaja.

El estudio sugiere que los mapaches no solo reaccionan a las oportunidades alimentarias. También buscan activamente aprender cómo funcionan los objetos humanos, incluso cuando no hay recompensa inmediata.

Ese impulso por adquirir información podría facilitar que descubran nuevas fuentes de alimento en el futuro.

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Mapache interactuando con una caja de rompecabezas. Foto: Hannah Griebling.

Desde la perspectiva de la biología evolutiva, invertir energía en explorar puede parecer una pérdida de tiempo si no produce comida inmediatamente. Pero en ambientes complejos y cambiantes, la información es un recurso valioso.

Un animal que aprende cómo abrir un contenedor hoy puede encontrar comida en ese mismo contenedor durante semanas.

Los investigadores creen que este tipo de comportamiento —resolver problemas incluso sin recompensa inmediata— puede ser una adaptación clave para sobrevivir en ambientes impredecibles, como las ciudades modernas.

Un campo de estudio aún poco explorado.

A pesar de su fama de animales inteligentes, la cognición de los mapaches sigue siendo un área poco investigada. La mayoría de investigaciones sobre resolución de problemas se han centrado en aves o primates. Los mapaches, a pesar de su reputación, han recibido mucha menos atención científica.

Este nuevo trabajo aporta evidencia experimental sólida que respalda la idea de que la inteligencia de los mapaches no es solo folklore popular.

Aunque el experimento ofrece pistas importantes, todavía quedan preguntas abiertas. Por ejemplo, los animales del estudio vivían en condiciones controladas, lo que podría influir en su comportamiento exploratorio.

Los investigadores señalan que será importante estudiar si los mapaches salvajes muestran patrones similares en entornos naturales. Si así fuera, podríamos estar ante uno de los ejemplos más claros de curiosidad adaptativa en mamíferos urbanos. Y eso explicaría por qué, cuando un mapache se encuentra con un cubo de basura cerrado, raramente se rinde al primer intento.

Por: Christian Pérez. Redactor especializado en divulgación científica e histórica.

Sitio Fuente: MuyInteresante