Geney Beltrán desentraña los móviles de destacados autores de la narrativa mexicana del siglo XX
LITERATURA.
El autor construye un itinerario de 25 voces diversas en su libro Asombro y desaliento, algunos cuentistas mexicanos.
El cuento es una tradición con una larguísima lista de escritores que la han hecho posible y queda como una herencia para ambiciosos lectores que buscan escuchar siempre una voz distinta. Con el fin de dar la posibilidad para encontrar en la misma antología a diversos autores heterodoxos Geney Beltrán Félix reúne a 25 de los más célebres y quizá dispares escritores del género.
A nivel internacional, México es reconocido como el país de los grandes cuentistas: Asombro y desaliento, algunos cuentistas mexicanos, de Geney Beltrán, llama a estimular la curiosidad por ellos, a inmiscuirnos en la vida de quienes su vocación es narrar -parafraseando a los editores- haciendo un repaso por sus obras e historias mediante una serie de retratos en la que los variados rostros dejan ver con frecuencia un semblante de pérdida.
¿Quién más apto que un editor, traductor, ensayista, crítico literario y novelista para darse a la tarea de compilar una serie de escritores que siguen leyéndose? “¿Qué significa leer como un autor de ficciones?”, se pregunta Beltrán Félix y a tal interrogativa va dando respuesta con ayuda de cada nombre en el siguiente orden: Nellie Campobello, Efrén Hernandez, Francisco Tario, José Revueltas, Juan Rulfo, Elena Garro, Arreola, Amparo Dávila, Inés Arredondo, Carlos Fuentes, Juan Vicente Meleo, Elena Poniatowska, Juan García Ponce, Salvador Elizondo, Sergio Pitol, José de la Colina, Eraclio Zepeda, José Emilio Pacheco, Esther Seligson, Héctor Manjarrez, Daniel Sada, Fabio Morábito, Juan Villoro, Verónica Murguía, Eduardo Antonio Parra y finaliza con un epílogo titulado “Rencor del hijo, derrota del padre”. Este listado -comenta- consigna los principales títulos de ficción breve (…) esta bibliografía pretende servir como una guía básica.
De cada uno de los autores se indaga como quien busca realmente comprender el sentido oculto que pudiera haber tras su prosa; algunos son más conocidos que otros y, sin embargo, todos son figuras igualmente notables, asombrosas y también desalentadas por varias circunstancias que no eligieron vivir pero que, no obstante, les tocó experimentar.
No es una lectura que necesite interpretación, sino que requiere de atención, porque hay un hilo conductor entre éstas. La dimensión espacio/temporal, en lugar de representar un impedimento, permite que el lector se transporte a diferentes épocas regidas bajo la misma premisa: “no trata sólo de hacer la exégesis de los aspectos formales o técnicos, sino de desentrañar la conciencia de los devenires holísticos que generaron la obra”, es decir, aquello que la hace una expresión posible.
En este volumen encontramos una serie de tramas individuales en territorios desafiantes que le otorgan a cada cuento una diferente consigna, derivando en una miscelánea de prosas ricas en elementos lingüísticos que coinciden a la par. Que contar en forma breve se volviera en sí mismo un género literario, emerge como una intención de concentrar la narrativa; un género que han utilizado grandes escritores clásicos y continúan utilizando con modesta precisión muchos otros actuales. Su originalidad mora en la temática, o cuando menos en la manera de aproximarse a ella.
Ante un panorama nacional en el que se toman múltiples posturas, el único modo de rescatarlas es con precisa crítica. Mientras haya qué contar, habrá cuentistas; y como un agente de su promoción Beltrán Félix nos hace un regalo: por fortuna, nada está fijo, nada es definitivo cuando hablamos de escritura, por lo menos de una escritura lanzada a la exploración y a la libertad.
Asombro y desaliento, algunos cuentistas mexicanos, Geney Beltrán Félix; Secretaria de Cultura, Fondo de Cultura Económica, 2017; México; 276 pp.
Información: ECG
Sitio Fuente: Secretaría de Cultura