Una región del cerebro que se extiende por los dos hemisferios, el planum temporale, es mayor en el izquierdo que en el derecho. El hallazgo se vinculó en la década de 1960 con la localización del procesamiento del lenguaje en el hemisferio izquierdo, pero hoy investigadores europeos muestran que esta asimetría no es un marcador de la lateralización del lenguaje.
Si alguien perjudica a otros, los humanos tendemos a querer que se le castigue para que no se vuelva a repetir su mala acción. Un equipo de científicos ha analizado los orígenes de esta motivación en unos experimentos con niños y con chimpancés y concluye que tanto los grandes simios como los niños a partir de los seis años quieren ver cómo el otro recibe el castigo.
Entender cómo se guía y procesa la información en el cerebro es clave a la hora de entender su funcionamiento. Sin embargo, esta no es una tarea fácil. Miles de millones de neuronas lo componen, cada una con sus propias conexiones, formando un entramado extremadamente complejo. Además, los canales de información no son estáticos, las conexiones entre neuronas van cambiando, fortaleciéndose algunas mientras que otras se debilitan. Ahora un estudio internacional, publicado en la revista Neuroimage y en el que ha participado el investigador Claudio R.Mirasso del Instituto de Física Interdisciplinar y Sistemas Complejos (IFISC-UIB/CSIC), plantea un modelo de simulación neuronal en el que se analiza cómo estas conexiones dinámicas pueden ir variando dirigidas internamente por el propio comportamiento de las neuronas.
Un equipo internacional de expertos ha identificado a la proteína MCJ como una posible diana terapéutica en pacientes con fallo hepático fulminante por ingesta de paracetamol en altas dosis. El trabajo, publicado en Nature Communications, sostiene que el tratamiento actual con antioxidante N-acetilcisteína solo es eficaz si se administra en las ocho horas siguientes a la ingestión.
El acetaminofén, también llamado paracetamol, es el componente activo de muchos medicamentos comúnmente recetados. / Pixabay
En las personas que sufren síndrome de Marfan se desaconseja realizar una actividad física regular. Ahora un estudio realizado en Cataluña analiza el impacto del ejercicio físico en la evolución de esta enfermedad rara del tejido conectivo en ratones. Los resultados revelan que el ejercicio físico moderado reduce la progresión del aneurisma de la aorta, uno de sus síntomas más graves.
En los ratones que hacían ejercicio se redujo la progresión de la dilatación de la aorta hasta hacerla indistinguible de la de los no enfermos. / Pixabay