El chip integra neuronas y sinapsis artificiales en un circuito analógico autónomo, capaz de procesar señales como luz o presión sin software ni alimentación externa.
En 2026 se cumplen tres siglos y medio de una serendipia científica que nació con el intento de Galileo de calcular las coordenadas de un barco en alta mar por los eclipses de las lunas de Júpiter, y que llevó al astrónomo danés Ole Rømer a la primera prueba de que la luz viajaba a una velocidad finita. Un estudio actual muestra que su método continúa siendo válido.
No es ningún secreto que en los últimos años se ha producido una proliferación masiva en el uso de la inteligencia artificial para la recopilación general de información.
Los principales laboratorios están contratando filósofos y especialistas en ética para examinar si la IA avanzada podría desarrollar experiencias internas y un estatus moral.