Ragnar Granit, el neurofisiólogo que descifró los códigos de color en la retina humana
HISTORIA DE LA CIENCIA.
A mediados del siglo XX, la manera en que el cerebro procesaba la luz y transformaba los fotones en la deslumbrante paleta de colores que percibimos seguía siendo uno de los mayores enigmas de la biología.
Aunque las teorías sobre la visión tricromática llevaban décadas sobre la mesa, nadie había logrado medir directamente la respuesta eléctrica de los fotorreceptores individuales en la retina. Fue el médico y neurofisiólogo finés-sueco Ragnar Granit quien, mediante una brillante combinación de tecnología pionera y rigor conceptual, logró escuchar por primera vez las señales eléctricas con las que el ojo habla con el cerebro. Su trabajo no solo confirmó cómo diferenciamos el rojo, el verde y el azul, sino que le valió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1967.
Foto: Inge Holm.
De la medicina en Finlandia a la neurofisiología de vanguardia.
Ragnar Arthur Granit nació el 30 de octubre de 1900 en Riihimäki, una pequeña localidad del Gran Principado de Finlandia, entonces parte del Imperio ruso. Criado en el seno de una familia de habla sueca, mostró desde muy joven una voraz curiosidad por las ciencias naturales y la filosofía de la mente. Tras cursar sus estudios en la Universidad de Helsinki, obtuvo la licenciatura en Medicina en 1927 y el doctorado en Neurofisiología poco después.
Su vocación investigadora se consolidó durante sus estancias en el extranjero, decisivas para su carrera. A finales de la década de 1920 viajó al Reino Unido para trabajar en el Laboratorio Sherrington de la Universidad de Oxford, donde colaboró directamente con Sir Charles Scott Sherrington, uno de los padres de la neurología moderna. Bajo la tutela de Sherrington, Granit aprendió a contemplar el sistema nervioso no como una red estática de cables, sino como un entramado dinámico de excitación e inhibición constante.
Más tarde, una beca lo llevó al Instituto Johnson de Física Médica de la Universidad de Pensilvania, en Estados Unidos. Allí entró en contacto con las técnicas más avanzadas de biofísica y electrónica de la época, herramientas que pronto aplicaría para resolver el misterio de la percepción visual.
El electrorretinograma y el descubrimiento de los microelectrodos.
Durante la década de 1930, Granit perfeccionó el uso del electrorretinograma, un dispositivo diseñado para registrar los cambios de potencial eléctrico en la retina cuando esta se expone a estímulos luminosos. Hasta ese momento, las mediciones eran globales e imprecisas, pero Granit logró aislar e identificar las distintas componentes de la onda eléctrica retiniana, demostrando que la retina no es un simple filtro fotosensible, sino un centro de procesamiento neural complejo capaz de analizar la información antes de enviarla al nervio óptico.
Sin embargo, su mayor hito metodológico llegó a principios de los años cuarenta. Granit desarrolló la técnica de los microelectrodos de vidrio y alambre, lo suficientemente finos como para registrar la actividad de células ganglionares individuales en la retina. Al iluminar el ojo con diferentes longitudes de onda del espectro visible, observó que las células no respondían de la misma manera: algunas reaccionaban a una amplia gama de colores, mientras que otras mostraban una sensibilidad extrema hacia rangos muy estrechos de color.
La teoría modulador-dominador: el código del color.
A partir de estas mediciones precisas, Ragnar Granit formuló su célebre hipótesis del sistema "modulador-dominador". Según sus hallazgos:
- Los dominadores son fotorreceptores o neuronas retinianas que responden a un amplio espectro de luz visible y proporcionan la información principal sobre la luminosidad y el brillo del entorno.
- Los moduladores son elementos altamente especializados que responden de forma selectiva a longitudes de onda específicas, correspondientes al azul, al verde y al rojo.
Esta formulación aportó la primera evidencia neurofisiológica directa de la teoría tricromática expuesta en el siglo XIX por Thomas Young y Hermann von Helmholtz. Granit demostró científicamente que la mezcla de señales enviadas por estos moduladores individuales es lo que permite a la corteza visual del cerebro reconstruir la inmensa diversidad de matices del mundo físico.
Un legado consagrado con el Premio Nobel.
La Segunda Guerra Mundial alteró el curso de su vida personal y académica. En 1940, tras la Guerra de Invierno entre Finlandia y la Unión Soviética, Granit se trasladó a Estocolmo, Suecia, donde adoptó la ciudadanía sueca y fue nombrado catedrático de Neurofisiología en el prestigioso Instituto Karolinska. Fue en este centro donde fundó un laboratorio de referencia internacional al que acudieron científicos de todo el planeta.
En 1967, la Asamblea Nobel del Instituto Karolinska otorgó el Premio Nobel de Fisiología o Medicina a Ragnar Granit, compartido con los estadounidenses George Wald y Haldan Keffer Hartline, "por sus descubrimientos sobre los procesos químicos y neurofisiológicos primarios de la visión en el ojo".
A lo largo de su madurez investigadora, Granit no limitó sus aportaciones a la vista. También realizó descubrimientos fundamentales sobre el control motor, estudiando cómo los husos neuromusculares y los receptores tendinosos transmiten información al cerebro para regular el tono muscular y la postura corporal.
Ragnar Granit falleció en Estocolmo el 12 de marzo de 1991 a los 90 años de edad. Su trabajo supuso un salto de gigante para la oftalmología y la neurociencia moderna, sentando las bases científicas sobre las que hoy diagnosticamos patologías de la retina y comprendemos la arquitectura sensorial del cerebro humano.
Sitio Fuente: NCYT de Amazings