Hermann Joseph Muller: El científico que reveló las mutaciones y advirtió los peligros de la radiación

HISTORIA DE LA CIENCIA.-

La historia de la genética moderna no se puede explicar sin la figura de Hermann Joseph Muller. Biólogo, genetista y premio Nobel, Muller revolucionó nuestra comprensión del ADN y la herencia biológica décadas antes de que se descubriera la estructura de doble hélice.

Su trabajo no solo transformó los laboratorios de biología de todo el mundo, sino que también sentó las bases de la protección radiológica moderna en un siglo marcado por la era nuclear.

Foto: Alfred De Bat - The Journal of Science Fiction/Wikimedia Commons.

De Nueva York a los orígenes de la genética moderna.

Hermann Joseph Muller nació en Nueva York el 21 de diciembre de 1890. Desde una edad temprana demostró una curiosidad insaciable por la naturaleza y la teoría de la evolución de Charles Darwin. Tras ingresar en la Universidad de Columbia, se unió al famoso "Fly Room" (la sala de las moscas) liderado por Thomas Hunt Morgan, un epicentro científico donde se sentaron los cimientos de la genética cromosómica.

En este entorno colaborativo, trabajando junto a mentes brillantes como Alfred Sturtevant y Calvin Bridges, Muller comenzó a estudiar las mutaciones espontáneas en la mosca de la fruta, Drosophila melanogaster. Sin embargo, pronto sintió la necesidad de ir más allá del mero análisis descriptivo: quería encontrar la forma de inducir cambios genéticos de manera controlada.

El experimento que cambió la ciencia: La mutagénesis por rayos X.

En 1927, mientras trabajaba en la Universidad de Texas en Austin, Muller logró el avance científico que inmortalizaría su nombre. Utilizando aparatos de rayos X, expuso a ejemplares de Drosophila a dosis calculadas de radiación ionizante.

Los resultados fueron contundentes. La tasa de mutaciones genéticas en la descendencia de las moscas irradiadas se disparó más de un mil quinientas veces en comparación con los niveles naturales. Por primera vez en la historia, la humanidad demostraba que era posible alterar artificialmente la información hereditaria de un organismo vivo mediante agentes externos.

Este hallazgo histórico demostró que los genes no eran estructuras inmutables, sino entidades químicas vulnerables a alteraciones físicas puntuales. El trabajo le valió a Muller el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1946.

Un compromiso ético y la alerta sobre la radiación.

A diferencia de otros científicos de su época, Muller entendió inmediatamente las implicaciones de su descubrimiento para la salud humana. Comprendió que la radiación ionizante acumulativa no solo causaba daños inmediatos, sino que producía mutaciones genéticas letales o perjudiciales que se transmitirían de generación en generación.

Durante el auge de la era atómica y el uso incipiente de la radiación en diagnósticos médicos de rutina, Muller se convirtió en una voz crítica y persistente. Advirtió incansablemente a la comunidad científica y a la opinión pública sobre la necesidad estricta de proteger a los pacientes y a los trabajadores expuestos a rayos X o material radiactivo, sentando las normas de bioseguridad que rigen en la medicina actual.

Un viaje convulso por Europa y la Guerra Civil Española.

La vida personal y política de Muller estuvo repleta de giros dramáticos. Con una firme ideología socialista y una defensa inquebrantable de la ciencia pública, se trasladó a Alemania en los años treinta, pero tuvo que huir con el ascenso del régimen nazi.

Posteriormente aceptó una invitación para dirigir un laboratorio de genética en Leningrado y Moscú. Sin embargo, su estancia en la Unión Soviética coincidió con el ascenso del lisenkoísmo —una pseudociencia biológica impulsada por Trofim Lysenko y respaldada por el régimen estalinista—. Muller se opuso con firmeza a las falsedades anticientíficas de Lysenko, defendiendo la genética mendeliana rigurosa, lo que puso su vida en grave riesgo y le obligó a abandonar el país.

Su periplo por Europa incluyó una estancia clave en el Instituto de Genética Animal de Edimburgo y un paso significativo por España durante la Guerra Civil Española, donde colaboró activamente en la creación y organización del servicio de transfusión sanguínea del doctor Norman Bethune en el bando republicano.

Hermann J. Muller falleció en Indianápolis el 5 de abril de 1967.

Sitio Fuente: NCYT de Amazings