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Cómo Henrik Dam descubrió la vitamina K

HISTORIA DE LA CIENCIA.-

A menudo pensamos en los grandes descubrimientos de la medicina como momentos de pura iluminación, golpes de genialidad que transforman el mundo de la noche a la mañana.

Sin embargo, la historia de la ciencia suele ser mucho más pragmática, nacida de la insistencia, la observación meticulosa y, a veces, de un grupo de polluelos con una dieta un tanto peculiar. Esta es la historia de Carl Peter Henrik Dam, el bioquímico danés que descifró el enigma de la coagulación sanguínea y nos entregó la vitamina K.

Foto: Nobel Foundation

El enigma de los pollos desangrados.

A finales de la década de 1920, Henrik Dam compaginaba su labor docente en la Universidad de Copenhague con una investigación que, en apariencia, no buscaba salvar vidas humanas de inmediato: estudiaba el metabolismo del colesterol.

Para entender cómo procesaba el cuerpo esta grasa, Dam diseñó un experimento con pollos a los que sometió a una dieta artificial extremadamente estricta, completamente libre de colesterol. Al cabo de unas semanas, el científico danés observó un fenómeno alarmante. Los animales no solo enfermaban, sino que empezaban a sufrir graves hemorragias subcutáneas y musculares. Lo más desconcertante llegó cuando intentó corregir el problema restituyendo el colesterol purificado en su comida: las hemorragias no cesaban.

Dam se dio cuenta de que no era la ausencia de colesterol lo que estaba matando a los pollos. Al purificar los alimentos en el laboratorio, había eliminado involuntariamente otra cosa. Un factor desconocido, un elemento traza que resultaba crucial para mantener la sangre dentro de los vasos sanguíneos.

Del laboratorio al alfabeto: Nace la Vitamina K.

Henrik Dam no se dio por vencido. Inició un proceso sistemático de eliminación y adición de nutrientes para aislar la sustancia misteriosa. Probó con vitaminas conocidas como la A, la C y la D, pero ninguna lograba detener el sangrado de las aves.

A mediados de los años 30, Dam determinó que el factor curativo se encontraba en las hojas verdes y en el hígado de algunos animales, y que presentaba una característica fundamental: era soluble en grasas (liposoluble).

Dado que se trataba de un factor completamente nuevo y que su función biológica principal era permitir la coagulación de la sangre, Dam lo bautizó en un artículo científico de 1935 como Vitamina K. La elección de la letra no fue casual; respondía a la palabra germánica Koagulation.

Mientras Dam identificaba su existencia y su función, al otro lado del Atlántico, el estadounidense Edward Doisy lograba aislar la estructura química exacta de la sustancia y sintetizarla. Juntos, el biólogo que vio el problema y el químico que descifró la molécula, formaron un tándem histórico.

El reconocimiento global y el Premio Nobel.

El impacto del hallazgo de Dam fue inmediato y devastadoramente útil. La medicina de la época se enfrentaba constantemente a hemorragias incontrolables durante las cirugías y a la temida "enfermedad hemorrágica del recién nacido", una condición que causaba la muerte de miles de bebés debido a la falta de madurez de su sistema digestivo para producir factores de coagulación.

La introducción de la vitamina K en la práctica clínica salvó incontables vidas de la noche a la mañana.

El reconocimiento definitivo a esta labor llegó en 1943, en plena Segunda Guerra Mundial, cuando Henrik Dam y Edward Doisy fueron galardonados conjuntamente con el Premio Nobel de Fisiología o Medicina. Debido al conflicto bélico, Dam, que se encontraba en Estados Unidos impartiendo conferencias, recibió la noticia lejos de su patria ocupada, pero con el estatus ya consolidado de héroe de la ciencia biomédica.

Tras la guerra, Dam regresó a Dinamarca, donde asumió la dirección del Departamento de Bioquímica del Instituto Politécnico de Copenhague. Continuó investigando los efectos de las grasas, la vitamina E y la nutrición humana hasta su fallecimiento en 1976.

Sitio Fuente: NCYT de Amazings